jueves, 25 de octubre de 2007

Conjuro y esencia

Por Yolanda Molina Pérez.

Místicamente un conjuro es una frase con la cual revocamos un acto maléfico fruto de la magia u otros artes de brujería; para los cubanos hay un hombre cuyo nombre conjura todo acto de deslealtad, desamor o soberbia, es Martí un icono al cual recurrimos una y otra vez no con vana invocación milagrosa si no como fuente inspiradora, oráculo fiable en el cual destrenzar parábolas desafiando temporalidad, desde el verbo virtuoso que doblegó para que sirviera a su genio.
Paradójicamente mientras cada palabra suya parece plegada a su antojo fue un insatisfecho libertario de hombres y tierras, pero la claridad de su pensamiento es tal que se simula ser quien asignó conceptos a cada vocablo, como si el lenguaje hubiese surgido sólo al tocar su pluma.
Nos legó un ideario que es hoy un estandarte de lucha, no sólo los cubanos podemos encontrar en él los incentivos para el porvenir, pues sus ilusiones de justicia siguen siendo un anhelo universal.
Martí fue cubano, legó su gloria y honor a esta tierra, nos dejó el patrimonio de la esperanza, la rebeldía, el culto a la libertad y el conocimiento, el amor por los humildes, los débiles, la justicia…
Martí es la esencia que aroma la cubanía y quienes desde la estupidez del “patrioterismo”, hacen el inútil intento de tomarlo como lanza para mancillar a la Patria, serán hendidos por los brotes de su simiente, que serán hombres y mujeres de bien, alimentados con savia martiana…Martí seguirá siendo conjuro y también esencia y permanecerá por siempre en el altar de la Nación recibiendo el tributo de un pueblo al que se le antoja ser fiel.

Comandante de la alegría


Por Yolanda Molina Pérez.
La alegría encontró morada; es un fulgor desde lo profundo de tus pupilas y alcanza el punto máximo de luminiscencia en el blanco destellante de tus dientes, que engalanan esa amplia sonrisa de la cual pende tu alma de cubano auténtico.
Hijo de una isla donde la jocosidad es semilla de vida, tu eterna juventud ha permitido que sigas siendo un collar de cascabeles para la historia…
Valeroso, fiel, maduro y dichoso de servir a la Patria, nunca has dejado de ser un niño, al que le apasionan los juegos y se evade de los protocolos para vivir la naturalidad exclusiva del desenfado.
No es error gramatical hablarte en presente, porque con cada hombre o mujer de pueblo que lleva en sus labios la sonrisa para desafiar las adversidades, va un poco del Comandante cuya última travesura fue dejarnos la inconsistencia de su muerte.
Por años se miró al mar con la esperanza de ser testigos de un milagro, nadie creyó tu muerte, aún se tejen leyendas fantásticas unas, malintencionadas otras sobre cuál sería tu postrero destino.
Esa jugarreta del destino ha dado lugar a una de las más hermosa tradiciones de este pueblo, cada 28 de octubre, en tu nombre Camilo, se hace florecer al mar, este domingo lo haremos en familia y llevaremos los más pequeños de casa a cualquier lugar donde fluya el agua para que perfumen tu figura y te regalen la policromía de la naturaleza.
En cada pétalo irá la inocencia de sus manos, el encantamiento de sus rostros, ante la dulzura que los embriaga al admirar tu estampa de guerreo afable, sonriente y serás testigo de que en ellos brota la almendra de alegría que te ha preservado del tiempo y el olvido…

Bush, no tenemos miedo

En el medio de la noche oscura el niño se despierta en su cuarto y llora por miedo pidiendo compañía, el adolescente aprovecha la misma habitación y goza de la penumbra para explorar su cuerpo, el adulto probablemente se acerque en iguales condiciones a la tibieza de su pareja para propiciase el goce expedito de la carne, si son las mismas condiciones y se reacciona de modos diferentes entonces ¿qué es el miedo?, ¿el temor a lo desconocido? ¿una conducta típica de la infancia?...
A ninguna de estas preguntas como tantas otras se les puede dar respuesta con una aseveración de modo categórico, lo cierto es que de acuerdo a las circunstancias reaccionamos los seres humanos, un niño puede ponerse en situación de algo riesgo porque los desconoce y logra lo que un adulto con racionalidad no haría por temor al accidente.
Pienso en el miedo a raíz de que quieren convertirnos en un pueblo atemorizado, ya sabemos que tenemos enemigos, y dónde podemos encontrarlos, pero que todos los días estén jugando al gato y el ratón, cansa bastante a la víctima y al cabo de un tiempo con la rutina de enfrentarse al peligro para sobrevivir, se convierte en experto y el cazador resulta sorprendido cuando aprecia los poderes de la posible presa que lo vence y lo deja con la misma hambre que lo mantuvo por horas al acecho.
Nosotros llevamos casi cinco décadas de persecución, hemos aprendido un montón de lecciones, en el transcurso de estos años, pero no nos confiamos y permanecemos alertas, los cubanos sabemos que no tenemos una fórmula perfecta pero queremos aplicar nuestras propias recetas, para enmendar los errores cometidos.
Bush, definitivamente ya no tiene tiempo para cambiar la Casa Blanca por un castillo feudal, aunque lo ha intentado por casi 8 años, se tendrá que retirar sin lograrlo y es que su posición hegemónica se resquebraja por muchas partes, fracasos en Afganistán e Irak, pérdida del dominio económico, crecientes deudas internas y externas, una nación desangrada por guerras inútiles no le han ganado precisamente mucha popularidad, que aproveche el tiempo que le queda en aras de mejorar el recuerdo que tengan de él los ciudadanos estadounidenses y deje de inmiscuirse en casa ajena, que quien no puede resolver sus problemas domésticos no tiene por qué ofrecer consejos al vecino.
De todas formas como ha demostrado no ser muy bueno en eso de oír consejos, Bush, no tenemos miedo.

lunes, 22 de octubre de 2007

Pretextos de amor

PRETEXTOS DE AMOR.


Por Yolanda Molina Pérez.

“…lo único que no se puede perder es la capacidad de amar” martilleaba constantemente en su. memoria, era sólo el final de una frase, sabía que al principio había una enumeración de cosas prescindibles, pero cuando emergió de sus recuerdos apenas pudo apresar estas pocas palabras, quizás porque en ellas adivinaba un vaticinio fantasmagórico para su futuro.
Nunca supo cual fue el momento en que comenzó a asustarlo la idea de no poder volver a amar, pero lo cierto es que se había convertido en una obsesión, comenzaba una relación y empezaba a buscarse las razones para enamorarse, mientras más desenfrenadamente lo intentaba aparecían los desencantos y decepciones.
Le costaba entender que no es cuestión de proponérselo e intentarlo, mucho menos resignarse, quería volver a sentir ese desespero propio de la pasión, vivir pendiente de una llamada, el mínimo tiempo disponible para compartirlo, el deseo irrefrenable del contacto con la otra piel, seguro de un tiempo y un espacio, sin planificar encuentros.
Si al menos no hubiese sido consciente de que le faltaba a su vida podría considerarse feliz, seguir ofreciendo caricias por hambre de carne y saciar el cuerpo, sin embargo no pecaba de ignorancia, a sus manos y sus labios les faltaba la fuerza del sentimiento, eso volvía antinatural y fingido un insignificante acto de cariño.
Nunca careció de alguien con quien pasar un buen rato, incluso hasta un excelente rato en el cual se olvidaba de sus miedos, un tiempo en el cual se resguardaba detrás de una máscara de plenitud y satisfacción, para después salir de ese caparazón más necesitado que nunca de ser carne verdadera, estremecida por afectos y no por placer.
No le bastaba saberse capaz de otros amores; la familia, los amigos, le preocupaban y ocupaban, era una manera de estar vivo y a salvo de la infertilidad espiritual, pero en los mejores momentos a la sonrisa le restaba brillo el ceño fruncido, una carencia latente ¿a quién se le ocurriría divino o natural concebirnos para vivir en pareja?
Conocía de una antigua leyenda según la cual en el inicio fuimos hombre y mujer en un solo cuerpo, pero la ira de un Dios nos dividió y obligó a pasar por la vida buscando siempre esa otra mitad ¿cuántos habrán logrado encontrarla?; a su juicio varias veces creyó tenerla al alcance de la mano, pero siempre fue como un destello, un deslumbramiento, hasta dudaba de si serían reales o una alucinación.
Dentro de sus miedos, era uno de los peores pensar que las oportunidades reservadas para él por el destino ya se habían agotado, que pedir más era pecado, se arrepentía de sus culpas y errores, juraba a sí mismo cuan cuidadoso sería para no volver a fallar, pero muy a pesar de sus planes no se le presentaba la ocasión de enmendarse.
Le espantaba la imagen de una cama vacía cuando veía las canas y arrugas multiplicarse, vivía en una carrera contra el tiempo escamoteándole a cada jornada minutos, segundos para dedicarlos a lo que comenzó a considerar sus prioridades.
Los planes tejidos a inicios de la juventud se deshilaron, rehacía a diario tramos en las condiciones actuales, par descubrir al día siguiente que era preciso retocarlos nuevamente, así es difícil dominar el futuro, si al presente no lo controlas, tuvo días de mucho desánimo, donde la ira, la frustración y la desesperanza se entremezclaron hasta derrotarlo, pero no moría y el instinto de sobrevivencia lo tornaban una vez más a los senderos de la existencia, buscando atisbos en los cuales erigir su optimismo.
Los encontraba, los perdía y en ese intervalo se le estaba consumiendo ese efímero período llamado vida, cada vez que lo percibía replanteaba estrategias, modos de subsistencia y hasta posturas a tomar en el momento del éxito y la calma.
Lo intentó todo; terapeutas, adivinos, azar, pero nada resultaba, comenzó a dudar de sí mismo y de los otros, la sonrisa fue trastocándose en mueca, el placer en meta, la familia en carga, el hijo en obligación, el trabajo en ocupación, las fiestas en compromisos sociales, los amigos en socios, las mujeres en trofeos…
Pasó cada instante de su existencia planificando cómo encontrar el amor y que haría para retenerlo, cuando a los 80 años agonizaba en una cama con la mano de su hijo sobre su pecho, lo asustó la soledad de aquel joven sin hermanos porque nunca apareció la mujer ideal para ser la madre de ellos, sintió la ausencia de la ternura femenina en su lecho, repasó sus defectos y los comparó con los de las que habían sido estrellas fugaces en su cama, sonrió burlándose de su propia severidad.
Entendió que el amor puede ser la sorpresa que llega y domina en un instante o según sus caprichos se anida por largo tiempo escudado en otros sentimientos y un buen día se muestra en su esplendor.
El amor nace sin rutinas ni fórmulas hechas, puede ser sereno o tormentoso, desconoce esquemas, destinos, pero llega, al menos un instante antes de la muerte a culparnos por no haberlo dejado ser feliz.

Vivir más intensamente

Por Yolanda Molina Pérez.


El hombre moderno ha entendido como un signo del desarrollo de las culturas antiguas la tenencia de calendarios, (más o menos exactos), el simple hecho de haber encontrado una manera de contabilizar el tiempo parece hoy día una prueba inefable de adelanto “para aquella época”.
Si por fin nos ponemos de acuerdo y no extinguimos la vida de la Tierra, ¿qué les parecerá a los descendientes de los humanos dentro de 2000 años nuestra actual manera de contar el tiempo? ¿Qué será para ellos el tiempo?
Evadiendo definiciones físicas y filosóficas, para las personas el tiempo tiene un sentido individual que puede ser: obsesión, enemigo, aliado, indiferencia, vida, muerte, alegría, tristeza, relativo… y aunque puedan parecer modos excluyentes no lo son.
Para el hombre es un viejo sueño poder detenerlo y manejarlo a su antojo, o al menos derrotarlo pero su inmaterialidad y carácter global lo hacen invencible.
¿Por qué esa manía de aferrarnos al tiempo? Quizás porque heredamos desde nuestros ancestros cavernícolas la única certeza que llega junto con la vida: LA MUERTE, y desde el nacimiento y hasta ella gozamos del tiempo, después él sigue su ruta infinita pero el segmento de nuestra existencia acabó.
La forma de medir el tiempo es muy diversa, los antiguos usaban frecuentemente las fases de la luna pero era un modo inexacto, esta medición llamada mes lunar o sinódico, daba lugar a un año lunar de 354 días, 11 días y cuarto más corto que un año lunar, como consecuencia cada cierto tiempo había que hacer anexiones de otro mes para lograr la coincidencia de las estaciones.
Entre los mayas, la cronología se determinaba mediante un complejo sistema calendárico y matemático… se basaba en una doble contabilidad: el ritual o tzolkin (de 260 días) y el solar o haab (de 365 días). En el calendario solar, el año comenzaba cuando el Sol cruzaba el cenit el 16 de julio; 364 días estaban agrupados en 28 semanas de 13 días cada una, y el Año Nuevo comenzaba el día 365. Además, 360 días del año se repartían en 18 meses de 20 días cada uno. Las semanas y los meses transcurrían de forma secuencial e independiente entre sí. Sin embargo, comenzaban siempre el mismo día, esto es, una vez cada 260 días, cifra múltiplo tanto de 13 (para la semana) como de 20 (para el mes). Un ciclo de 52 años solares o de 73 rituales sumaba 18.980 días y se denominaba rueda calendárica.
El calendario maya se calcula que se remonta al siglo I antes de Cristo y se le considera el más exacto de todos los que antecedieron el gregoriano creado en el siglo XVI y cuyo uso se generalizó en la zona occidental a finales del siglo XIX.
Otras culturas también tuvieron sus calendarios muchos de ellos basados en las celebraciones religiosas, como el musulmán que aún se encuentra vigente en naciones donde es generalizada esta fe. Se calcula a partir del año 622, el día posterior a la Hégira, o salida de Mahoma de La Meca a Medina.
También de carácter religioso es el judío, inalterable desde el año 900 y oficial en el estado de Israel y usado por todos los practicantes del judaísmo en el mundo para la conmemoraciones religiosas.
El punto de partida de la cronología hebrea es el año 3761 antes de Cristo, la fecha de la creación del mundo según se describe en el Antiguo Testamento. El calendario judío es lunisolar, basado en meses lunares de 29 y 30 días alternativamente. Se intercala un mes extra cada tres años, de acuerdo con un ciclo de 19 años.
Cuéntense por el calendario que se cuenten los años van marcando el ciclo biológico de los humanos y si algo nos preocupa del paso del tiempo es el hecho de dejar de celebrar un nuevo onomástico, de acuerdo a las circunstancias la variable temporal cambia su valor, no numérico sino espiritual.
¿Qué son 10 años para dos personas que se aman y han vivido juntos en paz y armonía?, apenas un instante. ¿Qué son 10 años para dos personas que se aman y causas ajenas a sus voluntades los mantienen separados?, una eternidad.
Hay evidencias científicas de que los animales también tienen un reloj biológico, tal vez no se rijan por almanaques pero llevan un instinto horario, para una mosca doméstica que vive como máximo 10 días 12 meses serían la conquista de la eternidad, sin embargo una tortuga que vive 152 años, cuando un elefante caduca al siglo de existencia, apenas ella se encuentra en la plenitud de la vida.
Los humanos vamos desafiando lentamente al reloj de la muerte, alejando el momento en que cese el tic-tac, la longevidad es un estado alcanzable, especialmente en nuestro país donde cada vez son más los centenarios que nos embriagan de ánimo al ofrecernos su lucidez.
Contar el tiempo es sólo un pretexto para el hombre, la memoria, es una obsesión milenaria que nos sigue y no se conjura con mejunjes, piedras filosofales o fuentes de juventud, la eternidad corporal está vedada a los humanos.
La única manera de salir victoriosos frente a él es vivir cada segundo de una manera más pura, más limpia, más alegre, más útil que el segundo anterior, este fin de año cuando sustituyamos los calendarios gregorianos del 2006 por los del 2007, hagámonos el propósito de vivir más intensamente, para que el tiempo deje de ser un enemigo y se convierta en un buen mensajero que siempre nos trae cosas mejores, algún día el nuestro acabará, pero que el fin nos sorprenda con una sonrisa, que acompañará al llanto de un niño que en ese instante de cuerda a su reloj.

Estirpe de hombres libres

Por Yolanda Molina Pérez.

El 31 de julio del pasado año, los cubanos quedamos sorprendidos se nos anunciaba que Fidel estaba enfermo de pronto su dimensión humana se nos clavó como una pesada espina en el alma, hubo horas, días de incertidumbre y desasosiego, pero nunca de indisciplina, jamás de desesperación…
Más de uno sumó los detalles extraídos del comunicado y fue en busca de un galeno amigo que conjeturara sobre la posible evolución, nació una decisión espontánea, popular, aún en pleno verano los cubanos no estábamos de ánimo para carnavales y se suspendieron los festejos, no se trataba de luto, sino de auténtica preocupación por la salud de un hombre cuya familia no se limita a los lazos de sangre, sino a la hermandad nacida de la comunión de ideales.
Era el pesar multitudinario de los pupilos por el estado de su mentor, los hijos para los cuales nunca es tiempo de decir adiós a su padre, pero especialmente todos empeñados en mantenernos fieles a la enseñanza, buscar reservas de fuerza y ecuanimidad para mantenernos a la altura de lo aprendido y poder continuar la vida sin sentir vergüenza de su ejemplo.
Para los enemigos era un canto de sirena, una vez más hubo en el norte recogida de maletas, comenzaron con su acostumbrada irreverencia y falta de sentido común a hacer de la muerte un pilar para su castillo de papel.
Esperaron en vano, ante la fuerza de sus amenazas se intensificó la preparación para la defensa, así en estos meses millones de cubanos dedicaron su tiempo a prepararse para una posible contienda, no se paralizó ningún programa de la Revolución, hubo transferencias de poder pero no cambios de estrategias o actitudes.
Hemos estado atentos a cada alentadora noticia, expectantes ante cada imagen o palabra que nos devuelva su habitual presencia, no le han faltado en medio de la recuperación las muestras de afecto de su pueblo, ese cariño diáfano que rehuye la histeria y los excesos.
Por este tiempo ha estado más cerca de todos nosotros, con mayor frecuencia ha sido tema de conversación, ahora como nunca se entronizó su presencia en la familia cubana, creció su magisterio y si era posible se multiplicó su figura legendaria.
Fidel se recupera, esa noticia nos ha ido llegando poco a poco, pero ya la sabemos y conociendo la naturaleza de los cubanos no nos ha escamoteado las maneras de saberlo con seguridad.
Su repentina enfermedad fue un escollo que una vez más supimos saltar, esta vez fue madre natura quien quiso hacernos una mala pasada, y ni siquiera ella pudo alterar el paso sereno con el cual aquí se trabaja a diario en aras de hacer las utopías realidades.
Los que están un poco más cerca del Polo Norte ya deshacen maletas y re archivan propiedades, con tantas veces y no aprenden, nosotros un poco más al sur cuando alguien frustra esperanzas desmedidas decimos “se cogió… con la puerta” y ellos nuevamente se lo cogieron.
Este pueblo reconoce en Fidel a su líder indiscutible, porque nos sentimos ufanos del destino que su genialidad trazó para nosotros, le seguimos sin sometimientos o miedos, lo hacemos con la libertad de una elección hecha por principios y convicción, ese espíritu vivirá en esta nación más allá de su figura, como vive el ideario martiano y el de muchos otros pensadores, luchadores sobre cuya sangre crece hoy una eterna estirpe de hombres libres.

¿Pretenciosos o ineptos?

Por Yolanda Molina Pérez.

-“Doctor, me duele el pecho, tengo falta de aire y yo soy cardiópata…”
-“¡Ay!, ¡Cuánto lo siento!, pero hoy yo no vine preparado para esos síntomas”
¡Pobre madre del médico!... Ni siquiera hace falta aclarar que eso es fruto del peor humor negro posible pero tal como van las cosas no sería extraño que sucediera, cada día son más frecuentes “los no preparados” en nuestra sociedad.
Si usted es directivo de una entidad no se entiende que necesite “prepararse” para conceder una entrevista sobre el funcionamiento de ese centro que dirige porque de ser así entonces es evidente que no sabe lo que hace.
Ser un profesional no es otra cosa que vivir de una profesión, ya sea aprendida académica o prácticamente, y en nuestra sociedad la mayoría vivimos de eso, además presumimos, justificadamente de la calidad del sistema de enseñanza y son innumeras las opciones de superación que tenemos al alcance después de concluidos los estudios universitarios o de nivel medio ¿cómo se entiende entonces que no estemos preparados para responder las 24 horas del día por la responsabilidad social que desempeñamos?
Es una tradición que cuando solicitamos una entrevista a una personalidad del mundo del arte, la ciencia o la política se le entrega un cuestionario de antemano pero hoy día todos aspiran a tener derecho a este privilegio y pregunto:¿ será esta conducta fruto de la presuntuosidad o la ineptitud?
Cualquiera de las dos variantes deja mucho que desear.
No pretendemos que un funcionario tome parte de su tiempo cada mes, trimestre o año para memorizar estadísticas de la unidad en la cual labora, pero casi todos tienen a su alcance flamantes computadoras, que bien usadas los ponen en condiciones de ofrecer en pocos segundos un panorama numérico actualizado.
El respeto por el oficio que ejercemos y a través del cual obtenemos los recursos económicos para el sustento propio de la familia, debería de bastar para desterrar estas conductas del panorama social cubano, pero aún podemos apelar a la ética profesional, a la de los cuadros a la humana para que quienes encuentran en este modus operandi una manera de hacerse los “interesantes” y querernos hacer pasar por tontos, se percaten de que son ellos los propios timados, dejando en claro su mediocridad.
Y esto no es válido sólo para entrevistas periodísticas,¿cuántas veces salimos cabizbajos de algún lugar donde nos dicen que no tienen respuesta para nuestro requerimiento?, puede no tener recursos para satisfacerlo instantáneamente pero respuesta tienen que tener porque todos de un modo u otro respondemos al Estado, y por suerte el cubano no deja desprotegido a ningún ciudadano, tal vez se haya tocado la puerta equivocada, entonces la respuesta será dar la dirección exacta a la cual ir.
Es vergonzoso que funcionarios, dirigentes, jefes escudados en tales artimañas evadan sus responsabilidades para con la sociedad y cuidado porque hay muchas maneras de socavar el prestigio de la Revolución y al dar un NO como última palabra se abre el camino a búsquedas alternativas para resolver esa problemática, y ahí puede nacer fruto de la ineptitud el margen para que prospere la ilegalidad.
No seamos con otros de un modo que no deseamos sean con nosotros, eso es un principio básico de las relaciones interpersonales y especialmente de los revolucionarios.

Pasajes para el Mundo de Oz

En su peregrinar por el mundo de Oz, Dorita se hace acompañar, por un espantapájaros, un hombre de hojalata y un león que van en busca de pedirle al mago, cerebro, corazón y valor; determinadas conductas que van ganando espacio en nuestra sociedad, nos dicen que algunos de nuestros semejantes deberían sumarse a su aventura para encontrar los suyos.
Si a un vecino suyo no le importa la presencia de un bebé o un anciano enfermo a sólo unos metros de su casa para cualquier día de la semana poner música a decibeles incontables hasta altas horas de la noche es como para pensar que a ese le falta corazón o cerebro.
De igual carencia podemos sospechar ante quienes tornan sus carros o bici taxis en discotecas ambulantes, otro tanto sucede con aquellos Casasola que creen nunca precisarán del prójimo y se cierran tras sus puertas olvidando tender la mano en auxilio del desvalido; de estos existe una peor variante que son los que reclaman ser servidos cada vez que lo soliciten, pero olvidan corresponder ante un requerimiento ajeno.
De actos de desamor, sandez y cobardía podríamos poner muchos ejemplos, los que se escudan en indolencia, ostentación y agresividad para opacar a los ojos de otros su menguada autoestima merecen el desprecio de sus semejantes, porque con sus conductas transgreden de forma permanente las más elementales normas de convivencia en sociedad.
La educación no es sólo la suma de títulos universitarios y grados científicos, es la manera correcta de ser con los demás un poco de respeto y consideración hacia el resto de los humanos no nos minimiza sino agiganta.
Si este pueblo alberga la pretensión de ser el más culto del mundo precisa de rescatar los valores heredados de nuestros abuelos de una educación formal fundada sobre la no intromisión en el espacio de los otros, ya no hay comedimiento ante el sueño ajeno o la privacidad hogareña, ser desenfadados no es la excusa para la grosería.
Nos urge que esos descerebrados, cobardes y falta de corazón saquen boleto hacia el mundo de Oz y aprendan el valor de la amistad, la humildad y el trabajo en equipo, para que ellos también pongan su grano de arena en el afán colectivo de ser una sociedad paradigmática en cuanto al cultivo de las virtudes humanas.
Acabar con los espantapájaros, hombrecillos de hojalata y leones que caminan por nuestras calles, nos pondría más cerca de la posibilidad de hacer realidad la meta del hombre nuevo.
Pidámosle a dorita que los lleve consigo, pero en tanto ella venga a buscarlos optemos por hacerles frente, que la tolerancia pasiva ante tantos desmanes es la razón fundamental por la que se han multiplicado inexplicablemente en nuestro entorno.,

Además del condón

Por Yolanda Molina Pérez.

La semana pasada en las páginas de Guerrillero, se publicó una información sobre el crecimiento de las personas contagiadas con VIH, sin ánimos catastróficos, son bastante alarmantes.
Si somos un pueblo de personas cultas e instruidas, si las campañas de prevención cada día, llegan a más sitios y sectores poblacionales ¿cómo es posible que aumenten los contagiados?, ¿por qué no son efectivas tantas acciones educativas realizadas a tal efecto?
En el plano personal soy del criterio que prevenir el VIH, no es sólo cuestión de divulgar el riesgo, abogar por el uso del condón y generalizar su venta hasta el punto de incluirlo en las cartas de algunos restaurantes, se requiere de cambios culturales y modificación de patrones educativos.
Está demostrado que hoy día los jóvenes comienzan a tener relaciones sexuales en edades más tempranas, y podríamos achacar al desarrollo social y a la libertad que tienen para escoger sus propias oportunidades, sin embargo creo que la educación sexual que reciben en la casa y la comunidad es el preámbulo de estos hechos.
El niño aún no tiene un año y ya la familia celebra que el nene, mueva el dedito obscenamente o haga movimientos pélvicos pronunciados cuando le pregunten “¿qué tú le vas a hacer a las niñas?”, pero los padres de las nenas no se quedan atrás y la enseñan a decir que el galán de la telenovela de turno es un mango, o la hacen “novia” del más agraciado o próspero chiquitín contemporáneo del barrio.
Antes se les preguntaba a los pequeños por sus amiguitas y amiguitos del círculo o la escuela, ahora todos quieren saber cuál es su novia o novio dentro del grupo, no es preciso criarlos en un mundo ajeno a la sexualidad, pero tampoco es preciso la incitación a ese mundo, para el niño que antes del año ya amenazaba con penetrar a sus futuras conquistas, le será muy difícil de joven asumir de joven un noviazgo, de los reales, de los que no incluyen cama aunque si otras manifestaciones de la atracción sexual.
La tigresa no enseña a sus tigrecitos, a montar a la hembra, el instinto los guiará en el momento justo, y los humanos además del instinto tenemos la inteligencia y el mundo sentimental, si nadie trata de que un infante pequeño resuelva una integral matemática ¿entonces por qué les descorremos el velo de la inocencia y les invadimos la infancia con intimidades y deseos de la adultez?
El padre de una amiga nos decía que la pérdida del respeto por la virginidad nos estaba privando de conocer y explorar otros campos de la sexualidad, que nunca íbamos a ser capaces de hacer el amor por varias horas ininterrumpidamente, porque lo que hacíamos era fornicar y nos privábamos de la posibilidad de un largo período de excitación que no necesariamente tenía que concluir con la penetración.
Hace más de 15 años que recibía esos consejos, ¿qué queda para aquellos que desconocen los encantos del romance?, ¿para los que nunca han disfrutado de una noche concluida al alba de diálogo y besos?, una colega madre de adolescente me decía que ella ha descubierto no sin asombro que aún quedan restos de ternura, que ha sido testigo de poemas, flores e intercambios fructíferos para la inteligencia, pero sabe que no son la generalidad.
El VIH no sólo se previene con condón, el amor, el respeto, la estabilidad, la fidelidad, son también eficaces maneras de ponerse a salvo de esta epidemia, la atracción física es un fuerte impulso, y una noche puede terminar en una desenfrenada práctica sexual, pero en esa cama (portal, callejón, pared, baño…) habrá habilidades, vigor, fuerza, deseo, suspiros y carne jadeante, pero la ternura del amor estará ausente, y no es que este sentimiento excluya el empleo del preservativo, pero la relación de la pareja lleva mucho más que sexo y cuando sean más los que transiten por la vida, sin pensar que el mundo es un agujero a penetrar o un pene a deslumbrar, seguramente habrá menos personas viviendo con el VIH.
No preconizo el falso recato de una moralidad condicionada a la conducta sexual, sino que esta sea una faceta plena en cada hombre o mujer, sin competencias, ni metas, con responsabilidad y conciencia.

sábado, 20 de octubre de 2007

El pecado de Pablo

Por Yolanda Molina Pérez.

La hija de Martha terminó hace unos meses sus estudios universitarios, desde tercer año de la carrera es novia de Pablo y a sus padres les parecía muy bien esta relación, porque él también era estudiante, se graduó un curso antes que ella, pero ahora que los jóvenes se quieren casar no cuentan con la aprobación paterna y es que Pablo, “no es un luchador”.

Forma parte del grupo de personas que intentan vivir del fruto honrado de su trabajo, entiéndase salario, y los padres de la joven no esperan eso para su hija, porque entonces ella tendrá una vida llena de privaciones “y no la criaron para que pasara trabajo”.

No sé qué ha pasado con ciertos valores de la familia, dónde antaño era una gloria que algún miembro encontrara para hacer pareja alguien a quien se le pudiese aplicar con justicia el calificativo de trabajador y ahora es una objeción para aprobar esa unión.

Los cubanos sabemos muy bien cuanto puede esconderse dentro del vocablo “luchador”, ser un ladrón, un comerciante ilícito, un corrupto, un estafador, en fin muchas y diversas maneras de obtener el dinero fácil, que las carencias económicas por las cuales atravesamos han hecho que se vuelvan actos repugnantes, aprobados tácitamente por la sociedad.

Según una popular frase el dinero no tiene olor y bajo esa sentencia se protege el dudoso origen que pudiese tener la moneda obtenida. Sería una estupidez negar que a todos nos gusta disfrutar de solvencia económica, poder dar satisfacción a nuestras necesidades y deseos, lo que no todos están dispuestos a lograrlo a cambio de su integridad moral, eso marca una ostensible diferencia entre unos y otros.

A juicio de mi abuela, no hay nada como que al poner la cabeza en la almohada y si le tocan por la madrugada en la puerta, usted pueda saber de antemano que es un familiar o un amigo, preguntar quién es sin el susto de oír como respuesta “la policía”.

Y ese es un riesgo perenne que corren los “luchadores”, pues la ilegalidad es el denominador común para cualquier actividad a la cual se vinculen, vivir del salario es algo cada vez más difícil, especialmente porque si estás rodeado de “practicantes de la lucha” te es imposible emparejar con ellos el nivel de vida, pero no podemos llegar al punto donde la honradez descalifique a un ser humano para formar parte de nuestras familias.

El pecado de Pablo, debería de generalizarse en nuestra sociedad, pues muchas de las carencias que enfrentamos las padecemos justamente por la ilegalidad que se ha propagado, y lo que deberíamos adquirir en las redes de tiendas en divisa o moneda nacional tenemos que acceder a ellas en el mercado negro con la consiguiente “multa” que le aplican los “luchadores”.

Creo que va siendo tiempo de despojarnos de eufemismos y llamar a esas personas por lo que son: revendedores, especuladores, traficantes, ladrones, estafadores, negociantes o cualquier otro término que se ajuste a sus modus operandi.

No es sólo asunto de hacer un uso correcto del significado de las palabras, es atribuir el reconocimiento social y moral que se debe a las conductas honradas, baluartes de las mejores esencias de un pueblo revolucionario, que no puede vender sus principios bajo el pretexto de la tolerancia.

Pablo merece casarse con la mujer que ama, porque no podrá ofrecerle lujos, pero será capaz de entregarse a ella con la ternura y desinterés del que sólo son capaces los puros.