Para Sonita, con el deseo de curarle la nostalgia
Sonita, es alguien que no deja comentarios en esta blog, pero me escribe a mi correo y me cuenta sobre sus impresiones al andar por aquí, ella es de Cojímar ha permanecido por mucho tiempo lejos de su tierra, no pocas veces le he desatado involuntariamente un montón de recuerdos que ha tenido la gentileza de compartir conmigo, a raíz del post anterior, rememoraba la belleza del paisaje al poder apreciarla desde las carreteras, tenía previsto escribir sobre eso después de mi último periplo, pero fue su mensaje lo que acabó por traerme a hacerlo, así que sube amiga que nos vamos de viaje...
He escuchado a muchos decir que les aburre atravesar el centro de la isla, por lo monótono del paisaje a lo largo de esa extensa llanura, sin embargo para mí es un descanso justo en el punto medio de la travesía, poner la mirada en esos valles preñados de palmas reales me produce una paz increíble, la belleza generalmente nos serena el alma, por demás no me aburren y es que tienes de momento un majestuosa ceiba que irradia su magia trastocada en fresca sombra sobre el patio de una casa campesina, las aves de corral, la familia que habita esa casa pasan veloces frente a tí y puede que varios kilómetros después, e incluso años más tarde aún te acompañe esa niña que se balanceaba sobre una cuerda tendida desde la rama más baja, si tenías un antojo de fantasía escuchas la melodía que salía de sus labios, el cloquear de las gallinas y quién sabe si alguna vez te devuelva la esperanza de volver a la simplicidad de los inicios, ella, detenida en el tiempo, mientras sus pies se aventuraban al cielo...
Me gustan los campos de caña que muestran el esplendor del cultivo, más aún si la guardarralla es custodiada por palmas reales; esos pequeños caseríos donde te atrapa la blancura de las paredes, las mujeres en sus bateas lavando la ropa, el jinete que observa desde su montura el auto que lo desafía y disfraza su seguridad en una curiosidad transitoria para complacer al intruso que lo mira un instante.Los vendedores que te anuncian las abundancias de sus suelos, ya sean en frutas, dulces, quesos o herramientas, admiro al hombre que sin levantar el rostro se inclina sobre su surco, ajeno al que se acerca, olvidando al que se va; el verde diverso que domina la tierra en irrepetibles tonalidades, retando al azul celeste para que logre su magnitud.
La sensualidad de las colinas ni muy agrestes, ni muy suaves, sólo firmes. Si el azar me regala un montón de rocas, intento leer en el segundo único del acercamiento la milenaria historia de la vida, las preservo en la memoria para destejer luego sus misterios.
Desde pequeña he sido una viajera frecuente, mi familia dispersa por todo el Oriente del país nos hacía recorrer varias veces al año carreteras de las provincias: Granma, Holguín y Las Tunas, mi madre ya experta en estos trajines nos anticipaba una hermosa vista que estaba por llegar, después cuando estudiaba en Santiago de Cuba en la Universidad los viajes eran un constante desafío, fue el primer quinquenio de los noventa, y el Período Especial acabó con itinerarios o tiempos de viaje estimados, en aquel "tren lechero",(le llamábamos así por las muchas paradas que hacía en el viaje, tantas como un lechero distribuyendo su producto en una comunidad)era preciso matar el ocio y apartar la hostinación, cualquier cosa servía a tal efecto y una de las que hacíamos con frecuencia era narrar historias, desde un poste eléctrico, una vaca, un perro...cada cosa tiene un pasado, un presente y un futuro y ahí íbamos nosotros en ejercicio colectivo a regalarles su historia, a buscarnos la excusa para la risa, a olvidar el cansancio del viaje.
Otro de los encantos de los viajes es la "botella", la situación del transporte en el país ha hecho de ella algo cotidiano, podría hacerse un manual sobre usos y maneras de su práctica, pero eso queda en el tintero, sólo hablo de ella porque "los botelleros y botelleras" forman parte del paisaje de nuestras carreteras, ¿quién no ha dado o recibido un aventón del que surgió una amistad,una aventura o incluso un auténtico romance?.
Lo mejor de lo que vemos a ambos lados de la carretera, es que nos recuerda a una de las cosas más valiosas de este país, los hombres de campo, que viven pegados a sus tierras, rodeados de sus animales, preservándonos un trozo de candor y sencillez.
Esta es una página sobre la realidad cubana, vista con el prisma personal de una periodista, que conoce sus matices y tratará de ser un vínculo más entre esta isla y el mundo.
jueves, 22 de mayo de 2008
martes, 20 de mayo de 2008
Recuerdos desde la carretera
Para Francisco, animal de carretera.
Una de las cosas que me desató la nostalgia en este viaje, fueron precisamente los viajes por carretera, primero desde Bayamo hacia Holguín, cuando regresábamos de pasar con mi abuela el Día de las Madres, salimos en ese ocaso del atardecer que da por sí solo una quietud al paisaje que propicia el recogimiento.
Desde el carro miraba las casas a orillas de la carretera y volvieron mis años de infancia, cuando justamente habitaba una casa de campo ubicada en un barrio llamado Babiney, en el municipio Cauto Cristo, fui de esos pobladores de orillas de carretera que buscan en el asfalto distante a unos metros de su portal un poco de movimiento para escapar de la rutina.
Recordé aquel refrescante piso de cemento pulido de la casa en el que nos acostábamos en las tardes para huir del calor y alejarnos un poco más del vapor que nos castigaba desde el techo de zinc, el amplio patio donde Tino, un tío abuelo que vivía al lado cultivaba hortalizas frescas durante todo el año, la frondosa mata de mangos Piña, para mí el más aromático de todos los que se dan en la isla, los corrales con los animales al fondo del patio, cerdos a un lado, aves al otro, la mata de melocotones orgullo de la familia, el gozo de poder cosechar sus frutos de escasa masa, pero toda una gloria en medio del trópico y sin más tecnología que el cuidado prodigado a la planta.
Sentí aromas inolvidables, como el del café hecho en colador cuando apenas despuntaba el día, el arroz con leche de Estrella la esposa de Tino, sus natillas congeladas acompañadas con merengue, los arroz con carne de puerco de mi madre, escuché de nuevo las risas mías y de mi hermana mientras jugábamos de mano con papi y mami peleaba porque nos íbamos a dar un mal golpe, el sonido del Polski cuando parqueaba en aquel amplio portal que devino garaje y aún quedaba libre más de la mitad de él (y si hago las memorias de los viajes en Polski de mi familia podría publicar toda una zaga).
El sabor, el color y la abundancia de las uvas provenientes de una sola mata que causaba asombro a todos por sus abundantes pariciones y por último las matas de ciruelas, eran muchas mi hermana y yo las recogíamos por turno, las poníamos en un recipiente y nos acostábamos a leer cada una en su cama con ellas al centro y entonces cuando se terminaban volvíamos por más, jamás recuerdo que nos hicieran daño.
En el viaje hacia Pinar del Río pude comprar en la carretera, una amable señora me las vendió e insistió en que podía dárselas a las niñas que ella las había lavado, "confíe en mí tengo niños y nunca la engañaría", me aseguró, aún quedan unas cuantas en mi refrigerador a pesar de las muchas que comimos, y es que acá son menos abundantes que para aquella zona, para mis hijas fue casi una novedad degustarlas, como sucede con las pastas de leche típicas del pueblo de Cascorro y que siempre compro al pasar por ahí.
Es asombroso como una imagen puede desatar un paquete de recuerdos y remontarnos a etapas menos recientes pero vívidas en nuestra memoria, volví a verme de uniforme azul, llegando a la casa para el necesario descanso de fin de semana después de cinco o seis días en la escuela, aquella sensación de que el futuro estaba ahí esperando por mí para regalarme la felicidad, con una vida mucho más sencilla, al menos para mí, sin preocupaciones económicas o grandes conflictos espirituales, sentí tanta nostalgia que empecé a preocuparme por sí estaba empezando a sentirme vieja, pero sobre ese tema tengo aún muchas cosas por comentar.
Una de las cosas que me desató la nostalgia en este viaje, fueron precisamente los viajes por carretera, primero desde Bayamo hacia Holguín, cuando regresábamos de pasar con mi abuela el Día de las Madres, salimos en ese ocaso del atardecer que da por sí solo una quietud al paisaje que propicia el recogimiento.
Desde el carro miraba las casas a orillas de la carretera y volvieron mis años de infancia, cuando justamente habitaba una casa de campo ubicada en un barrio llamado Babiney, en el municipio Cauto Cristo, fui de esos pobladores de orillas de carretera que buscan en el asfalto distante a unos metros de su portal un poco de movimiento para escapar de la rutina.
Recordé aquel refrescante piso de cemento pulido de la casa en el que nos acostábamos en las tardes para huir del calor y alejarnos un poco más del vapor que nos castigaba desde el techo de zinc, el amplio patio donde Tino, un tío abuelo que vivía al lado cultivaba hortalizas frescas durante todo el año, la frondosa mata de mangos Piña, para mí el más aromático de todos los que se dan en la isla, los corrales con los animales al fondo del patio, cerdos a un lado, aves al otro, la mata de melocotones orgullo de la familia, el gozo de poder cosechar sus frutos de escasa masa, pero toda una gloria en medio del trópico y sin más tecnología que el cuidado prodigado a la planta.
Sentí aromas inolvidables, como el del café hecho en colador cuando apenas despuntaba el día, el arroz con leche de Estrella la esposa de Tino, sus natillas congeladas acompañadas con merengue, los arroz con carne de puerco de mi madre, escuché de nuevo las risas mías y de mi hermana mientras jugábamos de mano con papi y mami peleaba porque nos íbamos a dar un mal golpe, el sonido del Polski cuando parqueaba en aquel amplio portal que devino garaje y aún quedaba libre más de la mitad de él (y si hago las memorias de los viajes en Polski de mi familia podría publicar toda una zaga).
El sabor, el color y la abundancia de las uvas provenientes de una sola mata que causaba asombro a todos por sus abundantes pariciones y por último las matas de ciruelas, eran muchas mi hermana y yo las recogíamos por turno, las poníamos en un recipiente y nos acostábamos a leer cada una en su cama con ellas al centro y entonces cuando se terminaban volvíamos por más, jamás recuerdo que nos hicieran daño.
En el viaje hacia Pinar del Río pude comprar en la carretera, una amable señora me las vendió e insistió en que podía dárselas a las niñas que ella las había lavado, "confíe en mí tengo niños y nunca la engañaría", me aseguró, aún quedan unas cuantas en mi refrigerador a pesar de las muchas que comimos, y es que acá son menos abundantes que para aquella zona, para mis hijas fue casi una novedad degustarlas, como sucede con las pastas de leche típicas del pueblo de Cascorro y que siempre compro al pasar por ahí.
Es asombroso como una imagen puede desatar un paquete de recuerdos y remontarnos a etapas menos recientes pero vívidas en nuestra memoria, volví a verme de uniforme azul, llegando a la casa para el necesario descanso de fin de semana después de cinco o seis días en la escuela, aquella sensación de que el futuro estaba ahí esperando por mí para regalarme la felicidad, con una vida mucho más sencilla, al menos para mí, sin preocupaciones económicas o grandes conflictos espirituales, sentí tanta nostalgia que empecé a preocuparme por sí estaba empezando a sentirme vieja, pero sobre ese tema tengo aún muchas cosas por comentar.
domingo, 18 de mayo de 2008
Hogar, dulce hogar...
Si Lassie volvió al hogar ¿cómo iba yo a extraviar el camino?, estoy de vuelta, feliz, nostálgica, exhausta y un montón de cosas aún por hacer, pero entre ellas una será ser más constante con esta blog, que fue una de las cosas que más extrañé en mis vacaciones, tengo comentarios por responder, post por publicar, pero hoy no puedo más, después de 13 horas de viaje por carretera acompañada por dos niñas, apenas si veo el teclado.
martes, 6 de mayo de 2008
Lo que para último se deja, para último se queda, pensaba dejar como última entrada en mi blog un trabajo que escribí hace nueve años al nacer mi hija mayor y que expresa a groso modo lo que para mí significó la maternidad, sin embargo no lo tengo digitalizado y es un poco extenso, ya no me alcanza el tiempo para hacerlo, dejo estas líneas como felicitación para las madres que anden por aquí, para las madres de los que lo hacen o las mujeres que dieron a luz sus hijos. No soy devota de los días marcados para una celebración, pero sí de la maternidad y sus encantos aunque a veces llegue a ser un verdadero quebradero de cabeza.
Voy para Holguín estaré con las madres que más quiero, aquellas a las que debo la vida y el ser como soy, a mi regreso batiré las alas, lo prometo...
Somos los humanos los más desvalidos e inútiles seres vivos al nacer, pero la naturaleza no comete errores y es esa incapacidad para la sobrevivencia el pretexto del cual nace una de las cosas más hermosas que existen: El amor de madre.
La mujer hace del baño un ritual en el que se va más allá de la higiene del cuerpo, son caricias de rocío para la fina piel que se siente como una prolongación de la propia, el alimento no es sólo sustento indispensable para la vida, es dulce néctar de alma, son hebras de fantasía que viajan en cuchara trastocada en avión o hada milagrosa que multiplicará la belleza y la virtud en ese diminuto cuerpo.
Es el llanto de un niño, de su niño, la más imperiosa orden que conoce la madre, hasta la más voluntariosa y rebelde depone sus armas para volverse pétalo suave y ofrecer su regazo como consuelo, sus brazos como cuna, su pecho como almohada.
La madre brinda la primera caricia, el primer regaño, nos inicia en el sacramento del beso y los abrazos, nos unge con su aliento vitalicio, nos inicia en los misterios de la ternura, hace un altar para sus vástagos, sin embargo no se sorprende cuando bajamos del pedestal en la adultez y le hacemos la destinataria de nuestros tributos, ella sabe que los merece, pero no se envanece sino que multiplica sus mimos y con la humildad de los grandes nos devuelve los desvelos.
La madre hace el milagro del amor desde su vientre fecundo, nos da la vida y nos hace a ella, somos sus eternos deudores, ese crédito se cancela con un leve pero sincero roce de labios sobre sus mejillas, unos brazos fuertes apretando su cuerpo y el susurro de un te quiero mami, ¡Felicidades!

Estas son mis princesas, para mí niñas preciosas y no creo que sea ceguera de amor de madre, aunque algo de miopía afectuosa pudiese velar mi mirada...
Voy para Holguín estaré con las madres que más quiero, aquellas a las que debo la vida y el ser como soy, a mi regreso batiré las alas, lo prometo...
Somos los humanos los más desvalidos e inútiles seres vivos al nacer, pero la naturaleza no comete errores y es esa incapacidad para la sobrevivencia el pretexto del cual nace una de las cosas más hermosas que existen: El amor de madre.
La mujer hace del baño un ritual en el que se va más allá de la higiene del cuerpo, son caricias de rocío para la fina piel que se siente como una prolongación de la propia, el alimento no es sólo sustento indispensable para la vida, es dulce néctar de alma, son hebras de fantasía que viajan en cuchara trastocada en avión o hada milagrosa que multiplicará la belleza y la virtud en ese diminuto cuerpo.
Es el llanto de un niño, de su niño, la más imperiosa orden que conoce la madre, hasta la más voluntariosa y rebelde depone sus armas para volverse pétalo suave y ofrecer su regazo como consuelo, sus brazos como cuna, su pecho como almohada.
La madre brinda la primera caricia, el primer regaño, nos inicia en el sacramento del beso y los abrazos, nos unge con su aliento vitalicio, nos inicia en los misterios de la ternura, hace un altar para sus vástagos, sin embargo no se sorprende cuando bajamos del pedestal en la adultez y le hacemos la destinataria de nuestros tributos, ella sabe que los merece, pero no se envanece sino que multiplica sus mimos y con la humildad de los grandes nos devuelve los desvelos.
La madre hace el milagro del amor desde su vientre fecundo, nos da la vida y nos hace a ella, somos sus eternos deudores, ese crédito se cancela con un leve pero sincero roce de labios sobre sus mejillas, unos brazos fuertes apretando su cuerpo y el susurro de un te quiero mami, ¡Felicidades!

Estas son mis princesas, para mí niñas preciosas y no creo que sea ceguera de amor de madre, aunque algo de miopía afectuosa pudiese velar mi mirada...
viernes, 2 de mayo de 2008
Memorias de una Romera
Al escribir estas líneas no sé si mis recuerdos seguirán siendo compatibles con la realidad de lo que sucede en Holguín en medio de las Romerías de Mayo, pues hace cinco años que no asisto a las mismas, sin embargo no dejo de seguir el volumen de informaciones que generan cada año y de extrañarlas, lo curioso es que muchas veces me sentí aplastada por ellas.
La noche del dos de mayo en el Bosque de los Héroes una de las áreas de la Plaza de la Revolución Calixto García, comienza cerca de la medianoche el recital de los poetas, generalmente escritores jóvenes son los que comparten sus versos con el auditorio, hasta allí se llega en coches tirados por caballos, después de una gala en el centro de la ciudad que abarca manifestaciones artísticas nacionales y de varias de las delegaciones culturales que visitan la ciudad con motivo de la celebración.

Las Romerías surgieron al abrigo de la Asociación Hermanos Saíz, cuando Alexis Triana actualmente Director Provincial de Cultura, presidía la organización, parten del rescate de una tradición de origen católico que es la Romería de la Cruz, que se celebraba cada tres de mayo en las faldas del cerro más elevado que rodea la ciudad, y que tiene en su cima una cruz, que ha devenido con el pasar de los años en símbolo de la ciudad de Holguín, desde allí se divisa la ciudad, en su esplendor simétrico de calles trazadas desde la perfección de la rectitud.
A principios de los años 90, cuando a los cubanos se nos iba el tiempo en sobrevivir en el día a día en medio del Período Especial, surgió esta idea, que muchos tildaron de locura, no era la primera vez que Alexis era calificado como demente, pero este hombre pequeño, periodista de profesión, si algo sabe hacer es involucrar a otros para dar cuerpo a sus ideas.
Y así las Romerías de Mayo surgieron, y fueron sumando jóvenes y menos jóvenes, de proyecto pasó a realidad, de ser capital del arte joven en Cuba, a ser un evento internacional.
Pero es ante todo un fenómeno popular, si no ¿cómo una multitud milenaria sigue y carga sobre sus hombros al hacha aborigen que asciende cada tres de mayo los más de 400 escalones de la Loma de la Cruz, para ser izada allí hasta el día de la clausura?.

En el desfile inaugural las calles se llenan de pueblo que peregrina junto a un símbolo de las culturas aborígenes, para llevarla hasta un icono que llegó como fruto de la dominación española, pero antes hay un alto frente a La Periquera, Museo Provincial de Historia y en la calle un espectáculo cultural abarcador de nuestras esencias y creaciones. Allí vi una vez en medio de un apagón a Lizt Alfonso marcarle con palmadas el ritmo a sus bailarinas para concluir la presentación.
Pero el desfile es mucho más, son trajes típicos, son muñecones, son montadores de zancos , son dragones chinos, el desfile es un mosaico cultural que empieza a hacerle justicia al lema central del evento: “No hay hoy sin ayer”.
Durante los días de Romerías se suceden eventos teóricos, inauguraciones de exposiciones de artes plásticas, conciertos, bailables, espectáculos, el arte se extiende por la ciudad hasta las comunidades, el ambiente festivo traspasa el marco de las instituciones culturales para apropiarse de las calles, de los parques, de la gente, que aún sin proponérselo, terminan siendo público y testigo del jolgorio.

El día ocho cuando culmina la Romería, el hacha se baja de la cruz y se traslada hacia el otro extremo de la ciudad, esta vez se iza en el lateral de un edificio de 18 plantas, el más alto en Holguín, como cierre de algo nacido desde las raíces hasta la modernidad y se planta el árbol típico de alguna de las naciones que concurrieron a la cita, así ha ido formándose y continúa haciéndolo El Bosque de la Amistad.
Esa es la esencia de las Romerías de Mayo, lo terrible es que cuando año a año las tenía ahí como periodista me quejaba de los eventos que no empezaban en horario, de que si el desfile se atrasó y el penitente sol del mediodía me castigaba en el ascenso, si la orquesta escogida para el bailable en la Loma de la Cruz, no fue la más acertada o los músicos no estuvieron listos en el momento adecuado, si las delegaciones visitantes no contaban con la calidad requerida para un evento de tal envergadura, no pocas veces fui incisiva y cruda al criticarlos, ( aclaro nunca obré de mala fe), pero siento ganas de volver a estar con Alexis en medio de un programa de debate del televisión local, mi entrañable Tele Cristal, mi primer centro de trabajo y volver a proponerle que en vez de Romerías, lo llamemos troperías, o que cambiemos el nombre del puesto de mando por puesto de desmando, pero nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, en cinco años que vivo en Pinar del Río, nunca he sido testigo de algo similar, ¡cómo me gustaría poder cuestionar la organización de algo así que fuera capaz de involucrar a esta ciudad dormida!.
Nostalgia, nostalgia, ojalá y llegue a tiempo para 24 horas de Romerías….
La noche del dos de mayo en el Bosque de los Héroes una de las áreas de la Plaza de la Revolución Calixto García, comienza cerca de la medianoche el recital de los poetas, generalmente escritores jóvenes son los que comparten sus versos con el auditorio, hasta allí se llega en coches tirados por caballos, después de una gala en el centro de la ciudad que abarca manifestaciones artísticas nacionales y de varias de las delegaciones culturales que visitan la ciudad con motivo de la celebración.

Las Romerías surgieron al abrigo de la Asociación Hermanos Saíz, cuando Alexis Triana actualmente Director Provincial de Cultura, presidía la organización, parten del rescate de una tradición de origen católico que es la Romería de la Cruz, que se celebraba cada tres de mayo en las faldas del cerro más elevado que rodea la ciudad, y que tiene en su cima una cruz, que ha devenido con el pasar de los años en símbolo de la ciudad de Holguín, desde allí se divisa la ciudad, en su esplendor simétrico de calles trazadas desde la perfección de la rectitud.
A principios de los años 90, cuando a los cubanos se nos iba el tiempo en sobrevivir en el día a día en medio del Período Especial, surgió esta idea, que muchos tildaron de locura, no era la primera vez que Alexis era calificado como demente, pero este hombre pequeño, periodista de profesión, si algo sabe hacer es involucrar a otros para dar cuerpo a sus ideas.
Y así las Romerías de Mayo surgieron, y fueron sumando jóvenes y menos jóvenes, de proyecto pasó a realidad, de ser capital del arte joven en Cuba, a ser un evento internacional.
Pero es ante todo un fenómeno popular, si no ¿cómo una multitud milenaria sigue y carga sobre sus hombros al hacha aborigen que asciende cada tres de mayo los más de 400 escalones de la Loma de la Cruz, para ser izada allí hasta el día de la clausura?.
En el desfile inaugural las calles se llenan de pueblo que peregrina junto a un símbolo de las culturas aborígenes, para llevarla hasta un icono que llegó como fruto de la dominación española, pero antes hay un alto frente a La Periquera, Museo Provincial de Historia y en la calle un espectáculo cultural abarcador de nuestras esencias y creaciones. Allí vi una vez en medio de un apagón a Lizt Alfonso marcarle con palmadas el ritmo a sus bailarinas para concluir la presentación.
Pero el desfile es mucho más, son trajes típicos, son muñecones, son montadores de zancos , son dragones chinos, el desfile es un mosaico cultural que empieza a hacerle justicia al lema central del evento: “No hay hoy sin ayer”.
Durante los días de Romerías se suceden eventos teóricos, inauguraciones de exposiciones de artes plásticas, conciertos, bailables, espectáculos, el arte se extiende por la ciudad hasta las comunidades, el ambiente festivo traspasa el marco de las instituciones culturales para apropiarse de las calles, de los parques, de la gente, que aún sin proponérselo, terminan siendo público y testigo del jolgorio.

El día ocho cuando culmina la Romería, el hacha se baja de la cruz y se traslada hacia el otro extremo de la ciudad, esta vez se iza en el lateral de un edificio de 18 plantas, el más alto en Holguín, como cierre de algo nacido desde las raíces hasta la modernidad y se planta el árbol típico de alguna de las naciones que concurrieron a la cita, así ha ido formándose y continúa haciéndolo El Bosque de la Amistad.
Esa es la esencia de las Romerías de Mayo, lo terrible es que cuando año a año las tenía ahí como periodista me quejaba de los eventos que no empezaban en horario, de que si el desfile se atrasó y el penitente sol del mediodía me castigaba en el ascenso, si la orquesta escogida para el bailable en la Loma de la Cruz, no fue la más acertada o los músicos no estuvieron listos en el momento adecuado, si las delegaciones visitantes no contaban con la calidad requerida para un evento de tal envergadura, no pocas veces fui incisiva y cruda al criticarlos, ( aclaro nunca obré de mala fe), pero siento ganas de volver a estar con Alexis en medio de un programa de debate del televisión local, mi entrañable Tele Cristal, mi primer centro de trabajo y volver a proponerle que en vez de Romerías, lo llamemos troperías, o que cambiemos el nombre del puesto de mando por puesto de desmando, pero nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, en cinco años que vivo en Pinar del Río, nunca he sido testigo de algo similar, ¡cómo me gustaría poder cuestionar la organización de algo así que fuera capaz de involucrar a esta ciudad dormida!.
Nostalgia, nostalgia, ojalá y llegue a tiempo para 24 horas de Romerías….
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