Cuando llega el mes de diciembre es frecuente escuchar comentarios sobre lo efímero que fue el año que finaliza, lo “rápido que se fue”, pero es vana excusa para no asumir que vivimos cada segundo sumado hasta hacer los minutos, las horas, los días, las semanas y los meses de un nuevo ciclo.
El 2008 no ha sido excepción y puede que finalice con el sin sabor de planes pospuestos, metas no alcanzadas, pero es imposible borrarlo del calendario aunque pasemos la hoja y miremos de frente lo que está por venir en el inevitable 2009, así que mejor mirar sobre el hombro y echar un vistazo contabilizador, para que en 12 meses, lo que dependa del esfuerzo y el empeño personal no quede pendiente.
Como nación sufrimos embates de gran envergadura, tres ciclones se ensañaron en nuestra geografía, los daños cuantiosos fruto del efecto devastador de las lluvias y vientos tardarán años en ser borrados, pero si de algo debemos vanagloriarnos es de la fuerza y energía con que se acometió la recuperación, aún miles de cubanos carecen de viviendas y no será fácil edificarlas, más cuando la voluntad es hacerlo con la fortaleza para soportar la ira climática del Caribe.
Los mercados agropecuarios no logran la diversidad y abundancia perdida, la vegetación que resurge no es suficiente para ocultar a la vista los árboles derribados, los sembrados se ven espigados en medio de la campiña, pero escasea la hermosura del fruto. Nuevas estrategias de producción, distribución y comercialización se insertan en el panorama local, unas de modo temporal y otras permanentes, hay que aprender de cada nuevo golpe que nos propine la vida.
Termina el 2008 y podría como periodista arrojar un sinnúmero de estadísticas alentadoras, por cientos y cifras que no serán retenidas ni por mí misma minutos después de escribirlas, pero prefiero recordar que en medio de la adversidad se multiplicó la solidaridad dentro y fuera de casa, que la unidad no es palabra vacía, cuando la manos se tienden para el socorro de los más necesitados.
Opto por mirar y ver los miles de niños y jóvenes que con o sin casa cuelgan las mochilas a sus espaldas y se encaminan sobre el asfalto o el trillo a la escuela habitual o el aula improvisada, pero con el mismo destino: FUTURO.
No fijo la vista en la pared derrumbada, en el techo perdido, me percato de las nuevas cubiertas que se van insertando en el panorama, no cuento los productos que no están, enumero los que ya van apareciendo, aparto el recuerdo de las miradas llenas de desolación y espanto para suplantarlo por las pupilas encandiladas por la esperanza y la alegría de la recuperación.
Y no es una pose de negación, al contrario, es una postura de conciencia absoluta, después de tanto dolor, es preciso concentrarse en la curación, celebrar cada signo de recobro, eternamente insatisfechos, despojados de pesimismo, sin dejar de mirar por encima del hombro para recordar lo pasado y encontrara razones que nos acendren en el alma, la certeza del triunfo.
En el plano personal creo que el 2008 fue un buen año para mí y mi familia, en primer lugar estamos todos para despedirlo, y por suerte con buena salud, mis hijas siguen siendo esas niñas hermosas que tanto orgullo me brindan, hemos logrado cumplir algunos de los proyectos que planificamos, otros siguen pendientes, pero no me quejo, estar juntos es el estímulo que necesito para encontrar la manera de ejecutarlos y albergo la certeza de que así será.
El 2009 todavía será un período difícil de enfrentar, pero vivámoslo intensamente, contando cada minúscula partícula de tiempo, para que al concluir no sintamos la desazón de que se nos haya escurrido entre las manos. ¡Felicidades!
Esta es una página sobre la realidad cubana, vista con el prisma personal de una periodista, que conoce sus matices y tratará de ser un vínculo más entre esta isla y el mundo.
sábado, 27 de diciembre de 2008
sábado, 20 de diciembre de 2008
Espíritu navideño.
La celebración de la Navidad, tiene aún un aire de novedoso entre los cubanos que siempre festejamos el fin de año y antaño los agasajos del 24 se consideraban como los de Noche Buena, pero hace poco más de una década cobró auge esta fecha y los ritos mundialmente asociados a ella como el decorado del “arbolito”, los regalos…
Pero no es un análisis histórico sobre esta fecha lo que pretendo, sino sobre el espíritu de fraternidad que se generaliza, la gente se predispone favorablemente unos a otros, abundan las felicitaciones, los buenos deseos, se pasa por encima de desavenencias y se procuran espacios de unión familiar y social, todo lo cual a mí me parece muy bien, sea cual sea la razón que lo propicie.
Pero sería muy bueno que esa afabilidad perdure más allá de unos pocos días, que por el resto del año estemos llenos de esa bondad “navideña”, podría dejar un saldo inconmensurable, el paso de los humanos es apenas un destello comparado con la existencia del universo, así que de nada sirve malgastar el tiempo en odios, rencores y peleas banales.
Más fraternidad entre los seres humanos, cercanos física y espiritualmente ayudaría a aportar menos oscuridad en medio de un mundo donde los horrores se multiplican a diario como paradójica contradicción entre el incremento de la inteligencia y la tecnología manejada por nosotros seres racionales, que no logramos despojarnos definitivamente de la esencia primigenia animal de la cual provenimos.
Si los buenos deseos perduran por más tiempo, podrían ser una poderosa arma de exterminio contra esa plaga infernal que es la envidia.
No importa si es 25 de diciembre o de abril, ame a su prójimo, limpie su alma, purifique los malos pensamientos con la voluntad confesa de ser una mejor persona y estará haciendo su aporte a la humanidad.
En lo personal no creo mucho en las celebraciones enmarcadas, poco cuenta la fecha y la hora si el acercamiento es sólo el acatamiento de maneras consentidas por otros, lo válido es que el abrazo te estremezca por la ternura, que la risa sea una expresión genuina de dicha y la felicitación proferida a otros un deseo auténtico.
Si la “paz navideña” perdura más en nuestras mentes, estaremos más cerca de nosotros mismos y de los que amamos, no mire el almanaque y reserve en su cuerpo la euforia festiva, no quite las guirnaldas o el árbol si es con ellos de donde nace la buena voluntad, a fin de cuentas, cualquier momento es propicio para dejar que germine la bondad.
Ese es mi deseo, un año entero de navidad.
Pero no es un análisis histórico sobre esta fecha lo que pretendo, sino sobre el espíritu de fraternidad que se generaliza, la gente se predispone favorablemente unos a otros, abundan las felicitaciones, los buenos deseos, se pasa por encima de desavenencias y se procuran espacios de unión familiar y social, todo lo cual a mí me parece muy bien, sea cual sea la razón que lo propicie.
Pero sería muy bueno que esa afabilidad perdure más allá de unos pocos días, que por el resto del año estemos llenos de esa bondad “navideña”, podría dejar un saldo inconmensurable, el paso de los humanos es apenas un destello comparado con la existencia del universo, así que de nada sirve malgastar el tiempo en odios, rencores y peleas banales.
Más fraternidad entre los seres humanos, cercanos física y espiritualmente ayudaría a aportar menos oscuridad en medio de un mundo donde los horrores se multiplican a diario como paradójica contradicción entre el incremento de la inteligencia y la tecnología manejada por nosotros seres racionales, que no logramos despojarnos definitivamente de la esencia primigenia animal de la cual provenimos.
Si los buenos deseos perduran por más tiempo, podrían ser una poderosa arma de exterminio contra esa plaga infernal que es la envidia.
No importa si es 25 de diciembre o de abril, ame a su prójimo, limpie su alma, purifique los malos pensamientos con la voluntad confesa de ser una mejor persona y estará haciendo su aporte a la humanidad.
En lo personal no creo mucho en las celebraciones enmarcadas, poco cuenta la fecha y la hora si el acercamiento es sólo el acatamiento de maneras consentidas por otros, lo válido es que el abrazo te estremezca por la ternura, que la risa sea una expresión genuina de dicha y la felicitación proferida a otros un deseo auténtico.
Si la “paz navideña” perdura más en nuestras mentes, estaremos más cerca de nosotros mismos y de los que amamos, no mire el almanaque y reserve en su cuerpo la euforia festiva, no quite las guirnaldas o el árbol si es con ellos de donde nace la buena voluntad, a fin de cuentas, cualquier momento es propicio para dejar que germine la bondad.
Ese es mi deseo, un año entero de navidad.
viernes, 19 de diciembre de 2008
Cumpleaños.
Para América, que también celebra en la distancia.
Antes he hablado en esta blog de mi amiga América, una de las mejores que me he encontrado a lo largo de mi vida, desafortunadamente hace muchos años que no nos vemos, pero mantenemos una comunicación fluida, intercambiamos esas pequeñas cosas de nuestras vidas que pueden ser rutina para otros, pero trascendentales para los que nos aman.
A veces una de las dos guarda silencio imbuida en sus problemas del día y la otra reclama con urgencia, esos mensajes llenos de minucias y confidencias, volver a conectarnos ha sido algo bueno y no temo asegurar que las dos lo apreciamos por igual.
Los buenos amigos, se toman a veces ciertas libertades que a otros están vedadas y así hace unos días ella se tomó con motivo de su cumpleaños la de recordarme que estoy próxima al límite de las convocatorias…
Sí, porque hasta hace poco no había reparado en que todo aquello que se enmarca para jóvenes, se detiene en los 35, es la barrera matemática que nos deja fuera de una etapa y nos hace entender que ya pasaron, sino los mejores, al menos los primeros años de nuestras vidas.
América querida ¡qué indelicadeza!, hacerme saber que en apenas unos días, cuando se estrena el año nuevo, me voy a inscribir en la lista de los menos jóvenes, ¡se nos van quedando atrás tantas cosas!, otras que ya nunca más serán y podemos contentarnos con que el ánimo y la fortaleza te rejuvenecen, pero llevamos a cuestas los cuerpos, y ellos tiene la crueldad de mostrar las huellas del tiempo.
Y para colmo siempre aparenté ser mayor, muy simpático cuando con 13, 14 años lograba entrar si mayor contratiempo a espectáculos o centros exclusivos para mayores de 16, pero ahora no me hace ninguna gracia que parezca que ostento 40.
Mis sienes clarean y no lo hacen porque destellen en mí ideas brillantes, son las canas, blanquecino adelanto de la senectud, me molestarían menos si tuviesen la discreción de asumir la textura de mi cabello castaño, pero no, se empeñan en desafiar moldes y acomodos, exigiendo otros modos más invasivos para su ocultamiento, irritándome el doble, porque detesto los disimulos y fingimientos.
Me llegó el momento de definir qué hacer con mi sobrepeso, en unos años deshacerme de él será dejar al descubierto la flacidez de la carne y convertirme para el resto en “una vieja”, me queda el consuelo de que podría ser peor “una vieja gorda”, de cualquier forma me he tomado muy en serio por esta vez, cambiar mis hábitos alimentarios, las dietas son un sufrimiento y necesito algo más perdurable, sano y permanente, veré si logro odiar al chocolate, el pan, los helados…(y no sigo por temor a caer en la tentación de virar al revés el refrigerador hasta encontrar algo bien tóxico y rico en calorías).
Bromas aparte, los 35 me llegan y al hacer un balance de ellos, veo que poseo cosas valiosas a los que no renunciaría jamás, mi familia: la creada y de la que procedo; mi profesión: tengo el privilegio de que me paguen un salario por divertirme; el optimismo, la capacidad de soñar y las ganas desenfrenadas de vivir con la intensidad que lo haría un adolescente, deseosa de lo nuevo que ha de estar por venir.
También hay saldos negativos, pérdidas irreparables, algunas responsabilidades de la muerte, otras de las distancias, de los errores propios y ajenos, “del azar concurrente”, de los miedos…
Creo que he vivido con bastante intensidad, a veces incluso en exceso, tengo el cúmulo de cada instante en memoria y cuerpo.
Así que celebraré mis 35 sin la obsesión del tiempo, me sumo al rito de contabilizarlo aprendido de mis mayores, pero no me dejaré robar un sólo pétalo de mis “flores horarias”, quiero que cada una que abra llegue con mayor esplendor y luz que la que se fue.
Me gustaría el próximo 5 de enero tener cerca a más personas de las que amo, pero sé que ese día al amanecer cuando suene el teléfono como sucede desde hace cinco años, la primera voz a escuchar del otro lado será la de mi papá, con un apremiante ¡Felicidades!, justo antes de ir a trabajar, tendré más correos que leer, y mis hijas me darán todos los besos encomendados por línea telefónica y aún más, mi esposo una vez más “pondrá el extra de los campeones” y tratará de que celebremos sin que la nostalgia me embriague, (se ocupará menos de lo que pueda hacer el alcohol).
Seré un año mayor, no habrá fiesta en mi casa de Holguín, como no lo hubo en un cuarto de beca donde paliábamos carencias para que América y Archie (otro amigo que cumplió por estos días), en medio de las pruebas semestrales tuvieran su celebración.
América, parecen increíbles aquellos 16 años con los que nos hicimos amigas, espero que Daniela, India Alejandra, Diana, María Fernanda y David puedan conocerse antes de que alguno de ellos cumpla esa edad.
Espero que hayas tenido un feliz cumpleaños, que como siempre llevaras puesto algo morado y que pronto podamos festejar uno de nuestros onomásticos juntas y cerca de los nuestros.
Antes he hablado en esta blog de mi amiga América, una de las mejores que me he encontrado a lo largo de mi vida, desafortunadamente hace muchos años que no nos vemos, pero mantenemos una comunicación fluida, intercambiamos esas pequeñas cosas de nuestras vidas que pueden ser rutina para otros, pero trascendentales para los que nos aman.
A veces una de las dos guarda silencio imbuida en sus problemas del día y la otra reclama con urgencia, esos mensajes llenos de minucias y confidencias, volver a conectarnos ha sido algo bueno y no temo asegurar que las dos lo apreciamos por igual.
Los buenos amigos, se toman a veces ciertas libertades que a otros están vedadas y así hace unos días ella se tomó con motivo de su cumpleaños la de recordarme que estoy próxima al límite de las convocatorias…
Sí, porque hasta hace poco no había reparado en que todo aquello que se enmarca para jóvenes, se detiene en los 35, es la barrera matemática que nos deja fuera de una etapa y nos hace entender que ya pasaron, sino los mejores, al menos los primeros años de nuestras vidas.
América querida ¡qué indelicadeza!, hacerme saber que en apenas unos días, cuando se estrena el año nuevo, me voy a inscribir en la lista de los menos jóvenes, ¡se nos van quedando atrás tantas cosas!, otras que ya nunca más serán y podemos contentarnos con que el ánimo y la fortaleza te rejuvenecen, pero llevamos a cuestas los cuerpos, y ellos tiene la crueldad de mostrar las huellas del tiempo.
Y para colmo siempre aparenté ser mayor, muy simpático cuando con 13, 14 años lograba entrar si mayor contratiempo a espectáculos o centros exclusivos para mayores de 16, pero ahora no me hace ninguna gracia que parezca que ostento 40.
Mis sienes clarean y no lo hacen porque destellen en mí ideas brillantes, son las canas, blanquecino adelanto de la senectud, me molestarían menos si tuviesen la discreción de asumir la textura de mi cabello castaño, pero no, se empeñan en desafiar moldes y acomodos, exigiendo otros modos más invasivos para su ocultamiento, irritándome el doble, porque detesto los disimulos y fingimientos.
Me llegó el momento de definir qué hacer con mi sobrepeso, en unos años deshacerme de él será dejar al descubierto la flacidez de la carne y convertirme para el resto en “una vieja”, me queda el consuelo de que podría ser peor “una vieja gorda”, de cualquier forma me he tomado muy en serio por esta vez, cambiar mis hábitos alimentarios, las dietas son un sufrimiento y necesito algo más perdurable, sano y permanente, veré si logro odiar al chocolate, el pan, los helados…(y no sigo por temor a caer en la tentación de virar al revés el refrigerador hasta encontrar algo bien tóxico y rico en calorías).
Bromas aparte, los 35 me llegan y al hacer un balance de ellos, veo que poseo cosas valiosas a los que no renunciaría jamás, mi familia: la creada y de la que procedo; mi profesión: tengo el privilegio de que me paguen un salario por divertirme; el optimismo, la capacidad de soñar y las ganas desenfrenadas de vivir con la intensidad que lo haría un adolescente, deseosa de lo nuevo que ha de estar por venir.
También hay saldos negativos, pérdidas irreparables, algunas responsabilidades de la muerte, otras de las distancias, de los errores propios y ajenos, “del azar concurrente”, de los miedos…
Creo que he vivido con bastante intensidad, a veces incluso en exceso, tengo el cúmulo de cada instante en memoria y cuerpo.
Así que celebraré mis 35 sin la obsesión del tiempo, me sumo al rito de contabilizarlo aprendido de mis mayores, pero no me dejaré robar un sólo pétalo de mis “flores horarias”, quiero que cada una que abra llegue con mayor esplendor y luz que la que se fue.
Me gustaría el próximo 5 de enero tener cerca a más personas de las que amo, pero sé que ese día al amanecer cuando suene el teléfono como sucede desde hace cinco años, la primera voz a escuchar del otro lado será la de mi papá, con un apremiante ¡Felicidades!, justo antes de ir a trabajar, tendré más correos que leer, y mis hijas me darán todos los besos encomendados por línea telefónica y aún más, mi esposo una vez más “pondrá el extra de los campeones” y tratará de que celebremos sin que la nostalgia me embriague, (se ocupará menos de lo que pueda hacer el alcohol).
Seré un año mayor, no habrá fiesta en mi casa de Holguín, como no lo hubo en un cuarto de beca donde paliábamos carencias para que América y Archie (otro amigo que cumplió por estos días), en medio de las pruebas semestrales tuvieran su celebración.
América, parecen increíbles aquellos 16 años con los que nos hicimos amigas, espero que Daniela, India Alejandra, Diana, María Fernanda y David puedan conocerse antes de que alguno de ellos cumpla esa edad.
Espero que hayas tenido un feliz cumpleaños, que como siempre llevaras puesto algo morado y que pronto podamos festejar uno de nuestros onomásticos juntas y cerca de los nuestros.
lunes, 15 de diciembre de 2008
De regreso a la nostalgia.
Upa, Upa, le decimos a un niño para estimularlo a incorporarse cuando sufre alguna caída sobre la marcha, y en estos días estoy tan cansada que necesito auparme para empezar cada jornada, por suerte, mi vida vuelve a la normalidad y después de un mes fuera de casa, mi esposo regresó, ya no preciso ocuparme del trabajo de los dos, ni de las responsabilidades de casa sola, así que me iré tomando de a poco un respiro y "desentrenándome" de la agitación de las últimas semanas, que agotadoras y todo me dejaron el saldo de nuevas experiencias y especialmente de conocimientos, pues tuve que liarme en más de una ocasión con problemas de filmación y edición que habitualmente no asumo, así que el saldo es positivo, porque lo aprendido, bien paga el tiempo dedicado a ello, ahora retomo mis espacios y esta blog es uno.
NOSTALGIAS.
Cuando anuncié mi retiro Juan desató un montón de nostalgias en el comentario que dejó en esa entrada, evocación de mis años universitarios que recuerdo como una etapa encantadora, lo increíble es que ese período transcurrió en el período de mayor crisis económica del país, (1990-95) y si en casa era complejo sobrellevar al situación, en una beca era mucho más complejo, sin embargo siempre encontramos un motivo para reír, la fuerza para hacer amigos, el deseo de lograr los sueños y el tiempo para tejer a fuer de esperanzas porvenir.
La universidad de Oriente en Santiago de Cuba, será por siempre un sitio especial con su centenar de escalones a subir en cada jornada, con los deslumbramientos ante la inteligencia y el caudal infinito de la sapiencia a conquistar y a admirar en los más avezados.
Será por siempre un rincón de memoria para amigos, amores, aventuras, locuras...
No podría prescindir de uno solo de esos recuerdos, ni aquellas cocinas improvisadas en los cuartos para suplir la poca atractiva propuesta del comedor escolar, los cubos de agua cargados desde la cisterna, los paseos por las calles santiagueras, las botellas (auto stop) para desafiar el pésimo transporte urbano e interprovincial, los viajes imprevisibles e impredecibles en los siempre demorados trenes "lecheros", las tertulias culturales y existenciales, las horas que permanecíamos en las "cafététías", conversando mientras bebíamos aquellas infusiones, insípidas, si acaso dulzonas en un día de suerte, lo apagones y las huidas...
Esas salidas del recinto universitario para poner distancia entre una jornada y otra, claro, era una excusa muy conveniente para ir de discoteca y "calle" buscando la diversión que exigía la juventud que ostentábamos, nunca más he vuelto a homologar la brevedad de mis prendas, creo que hasta podría presumir de poseer un récord en cuanto a la minimez de mis faldas, ya no sería igual, porque la esbeltez y yo parecemos peleadas de por vida...
Y sin embargo con el perdón de Cedeño, no amo a Santiago por increíble que parezca, adoro los recuerdos de lo que viví en ella, pero no el sitio, nunca me gustó la ciudad.
Imprescindibles son los amigos hechos allí, muchos de los cuales aún me acompañan, no a mi lado ¡qué más quisiera yo!, pero si cercanos en el afecto claro que nace a la sombra de la comunión y no quiero mencionar a nadie para no pecar de la omisión típica en cualquier enumeración.
Mis años universitarios son más que un quinquenio de vida, o un período de estudio: fueron una época feliz
NOSTALGIAS.
Cuando anuncié mi retiro Juan desató un montón de nostalgias en el comentario que dejó en esa entrada, evocación de mis años universitarios que recuerdo como una etapa encantadora, lo increíble es que ese período transcurrió en el período de mayor crisis económica del país, (1990-95) y si en casa era complejo sobrellevar al situación, en una beca era mucho más complejo, sin embargo siempre encontramos un motivo para reír, la fuerza para hacer amigos, el deseo de lograr los sueños y el tiempo para tejer a fuer de esperanzas porvenir.
La universidad de Oriente en Santiago de Cuba, será por siempre un sitio especial con su centenar de escalones a subir en cada jornada, con los deslumbramientos ante la inteligencia y el caudal infinito de la sapiencia a conquistar y a admirar en los más avezados.
Será por siempre un rincón de memoria para amigos, amores, aventuras, locuras...
No podría prescindir de uno solo de esos recuerdos, ni aquellas cocinas improvisadas en los cuartos para suplir la poca atractiva propuesta del comedor escolar, los cubos de agua cargados desde la cisterna, los paseos por las calles santiagueras, las botellas (auto stop) para desafiar el pésimo transporte urbano e interprovincial, los viajes imprevisibles e impredecibles en los siempre demorados trenes "lecheros", las tertulias culturales y existenciales, las horas que permanecíamos en las "cafététías", conversando mientras bebíamos aquellas infusiones, insípidas, si acaso dulzonas en un día de suerte, lo apagones y las huidas...
Esas salidas del recinto universitario para poner distancia entre una jornada y otra, claro, era una excusa muy conveniente para ir de discoteca y "calle" buscando la diversión que exigía la juventud que ostentábamos, nunca más he vuelto a homologar la brevedad de mis prendas, creo que hasta podría presumir de poseer un récord en cuanto a la minimez de mis faldas, ya no sería igual, porque la esbeltez y yo parecemos peleadas de por vida...
Y sin embargo con el perdón de Cedeño, no amo a Santiago por increíble que parezca, adoro los recuerdos de lo que viví en ella, pero no el sitio, nunca me gustó la ciudad.
Imprescindibles son los amigos hechos allí, muchos de los cuales aún me acompañan, no a mi lado ¡qué más quisiera yo!, pero si cercanos en el afecto claro que nace a la sombra de la comunión y no quiero mencionar a nadie para no pecar de la omisión típica en cualquier enumeración.
Mis años universitarios son más que un quinquenio de vida, o un período de estudio: fueron una época feliz
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