Esta es una página sobre la realidad cubana, vista con el prisma personal de una periodista, que conoce sus matices y tratará de ser un vínculo más entre esta isla y el mundo.
lunes, 23 de febrero de 2009
miércoles, 18 de febrero de 2009
Para conjurar la muerte.

Anoche una llamada tardía trajo la noticia: murió tía Nena, la hermana mayor de mi abuelo, era ella con la que menos roce teníamos, pues desde que nací vivía en La Habana, una o dos veces al año nos veíamos, como todos los integrantes de la familia Pérez alegre vital, con una hermosa cabellera blanca, nunca teñida pero si cuidadosamente cortada y peinada.
La muerte de ella me apena, no me sorprende como no sucede después de que alguien pasa los 90 años, pues los sabemos desde hace mucho pasados del tiempo vital que gozamos los humanos, lo que más me afecta de esta pérdida es su impacto sobre mis abuelos, hace apenas unas semanas falleció un hermano de mi abuela y sé que sacan cuentas nada alentadoras, mi egoísmo me hace desearlos junto a mí y me duele que se centren en una cuenta regresiva.
La salud de mi abuela me tiene hace unos cuantos días preocupada, ya precisa de un andador, su movilidad es casi nula y se limita sólo al interior de la casa, esa llamada inesperada me ha llenado de la zozobra de saber que en cualquier instante serán ellos, ha sido como si sentara la muerte en la sala de mi casa,o peor la he colgado en mi alma, yo también empiezo a hacer sumas y restas y me preocupa que el tiempo no me alcance para volver a verlos, para estar una vez más en su casa, hacerles su café matutino, cocinarles, darles la alegría de unos días con sus bisnietas.
Los sé ancianos y por ende más propensos al fin, pero desde anoche tengo la desesperanza de que su vitalidad se acaba, que el mito de la longevidad también caduca y le está llegando el tiempo de vencimiento a los patriarcas de mi clan, no es cuestión de pensamientos negativos o ser pájaro de mal agüero, es miedo a la muerte, su muerte,me percato de que la irreverencia con que aprendí de ellos a tratarla nos hace tal vez más vulnerables, pues no nos deja el consuelo de los rituales, en estos momentos trato de deshacerme de mi pesimismo y congoja, los vuelvo a traer a este espacio, porque hoy siento la necesidad de abrazarlos, decirles cuanto los quiero y retribuirles el consuelo que tantas veces me ofrecieron en la vida.
¿Qué se hace con un mar de nostalgia y la esperanza zozobrando en lo inevitable?
miércoles, 11 de febrero de 2009
Mi Guane.
Cuando vine a vivir a Pinar del Río, llegué deseosa de conocer cada rincón, el mítico Viñales, Soroa, fueron sitios que visité con inmediatez, pero un lugar que deseaba conocer, se me resistía, añoraba estar en Guane, Guane fue el primer pueblo de esta provincia que conocí, cuando aún la geografía no era para mí ciencia de mapas, coordenadas y longitudes: Guane era el pueblo donde vivía la familia de aquella simpática niña, con tíos tan simpáticos, abuelos como los míos, comía anoncillos, paseaba, jugaba con su hermano y la pasaba en grande...
Las vivencias de Nersys Felipe, narradas magistralmente en Cuentos de Guane, fueron mi primer "libro grande", no sé por qué razón en al oficina de mi padre había montones de ejemplares de ese título y con mis escasos cuatro años,lo leía y releía siempre con el mismo placer.
Como suele suceder con las fantasías infantiles Guane no se parece al pueblo que imaginé, pero ese afecto que estuvo guardado por años no permitió que me decepcionara, para mí existen dos Guanes, ese que está allí y el que yo imaginé.
Tuve la suerte de conocer a Nersys y conversar con esa niña a pesar de sus más de seis décadas de vida, su cabeza cana, la dulzura del gesto y la voz, y la increíble transparencia cristalina de su mirada, son regalos.
Hoy estuve en Guane, una vez más me encantó el Cuyaguateje,(el único que cumplió con mis expectativas), sereno, en la parsimonia de los meses secos, la sencillez de la gente de campo que se ve desde la carretera, la vida que devoramos desde el asfalto y como siempre pongo en cada lugar lo que creí debía de estar, no pretendo hacer un pueblo mejor o peor, sólo el pueblo en el que pasé muchas horas de mi infancia y al que no quiero renunciar.
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