Llevo varios días perdida, no ha sido por falta de deseos, pero el tiempo no me lo ha permitido y compromisos de trabajo han exigido cierta premura, hoy apenas si puedo estar frente al ordenador del cansancio pero estaré fuera por dos semanas y no quería irme sin dejar constancia de ello, voy a visitar a mis abuelos.
Muy al contrario de otras oportunidades en que hago estos viajes no estoy alegre, no son unas vacaciones de placer, voy en lo que debe ser la despedida de mi abuela, es penoso el pensarlo, pero de nada sirve el engaño ante lo inevitable,
lo peor es hacerlo sin que mis hijas lo perciban y que a la vez hagan de este viaje algo especial, no es sólo uno más de sus gustados viajes a Oriente...
Espero poder disfrutar de mi estancia allá y que la tristeza no ensombrezca estos días, a inicios de abril estaré de vuelta
Esta es una página sobre la realidad cubana, vista con el prisma personal de una periodista, que conoce sus matices y tratará de ser un vínculo más entre esta isla y el mundo.
lunes, 16 de marzo de 2009
martes, 3 de marzo de 2009
El ojo ajeno.

Es frecuente que nos quejemos de la ciudad sucia, de los precios, de los salarios, de la negligencia, de la ineficacia, y lo hacemos siempre en tono de quien es víctima de otros y no tiene nada que ver con eso, pero en la sociedad cada individuo representa un ínfimo por ciento en cualquier cosa de la que se hable.
¿Cuántos pares de manos se necesitan para hacer pilas de basura en cualquier esquina de la ciudad? ¿Cuántos viven de ser intermediarios o son cómplices de actividades ilícitas a su alrededor? ¿Cuántos de los quejosos son ineficientes en sus puestos de trabajos por consiguiente improductivos y aspiran a un alto salario?
Es más fácil responsabilizar al estado de todo que asumir la cuota de responsabilidad individual, si en vez de creer que es asuntos de otros, nos percatáramos de que esa pequeña parcela nuestra que es la individualidad no se explota la máximo tal vez podríamos tener mayores aspiraciones.
Es cierto que hay cosas que el ciudadano común no puede modificar o accionar sobre ellas, pero son las menos la mayoría están a nuestro alcance y los cubanos necesitamos dejar el discurso y poner manos a la obra, no hay seres insignificantes o prescindibles en una sociedad, si cada quien no da lo mejor de sí, es imposible que alcancemos metas superiores.
Ahora que se han hecho tantos cambios en la dirección del país, el nivel de expectativas es muy alto, pero un Ministro no hace que funcione un sector, no lo logra si los directivos intermediarios, si los trabajadores que están en la base no tienen la voluntad para hacerlo.
Cada persona tiene consigo mismo la obligación de ser útil al conjunto en el que se integra, es fácil estar de panza y esperar que todo caiga del cielo, las gratuidades son muy buenas y es sencillo cuestionarlas cuando no se sabe el valor de lo que se posee.
Despilfarrar los recursos, hacer un uso irracional de ellos o ser mudos testigos de cómo estas cosas suceden nos convierte en partícipes de que los resultados no sean los esperados, la crisis económica que hoy vive el mundo no deja de marcar un impacto en esta isla y pretender vivir de espaldas a ello es tan infructífero como quedarnos de manos cruzadas, lo esencial es que seamos capaces de generar nuestra propia riqueza, de auto bastecernos en todo aquello que sea posible, trabajar arduamente en la sustitución de importaciones.
Los cubanos tenemos la suerte de aquí la crisis no se manifiesta en despidos masivos, en desamparados o centros cerrados, al contrario comparándonos con los años más duros del Período Especial mucho se han revitalizado los servicios y la dinámica de la economía, podría ser mucho más rápido el cambio si cada quien mirase en su propio ojo y no estuviese pendiente de la paja del ajeno.
Ocuparse de hacer lo suyo, centrarse en lo propio y no esperar a que todo nos lo den es mucho más sensato, por años nos hemos acostumbrado a los beneficios de una Revolución paternalista que en el afán de proteger los derechos y la calidad de vida de la población le ha faltado exigencia y rigor en potenciar la entrega individual al desarrollo social.
No porque no existan maneras de hacerlo, que esas son muchas, sino porque no limita de los beneficios a los que parasitan a la sombra de la ineficacia, la improductividad y la desidia.
No podemos seguir trazando parcelas, hay que juntarlas y cultivar el campo en su totalidad, asumir la responsabilidad de que sobre nuestros hombros va una parte de los sueños de este país y hacer la parte que nos toca.
Importante es enseñar a nuestros hijos que en su momento ellos deberán de hacerla, la continuidad de una nación depende de lo que sean capaces de crear los ciudadanos y de cómo lo entronicen en su descendencia, no son tiempos de culpas y remilgos, sino de unidad y empeño en cada jornada, que el futuro es hoy.
domingo, 1 de marzo de 2009
Desaciertos pedagógicos.
Nunca podría presumir de ser simpática, tengo un excelente sentido del humor, pero se pasa de negro y lo que digo en tono de chanza, se toma con frecuencia como indolencia y crueldad, no suelo explicar la intención y acepto las consecuencias: mi clasificación como antipática.
Sume a esto una lengua (que Dios me dio digo yo, aunque un amigo se apresure a eximir el Divino de responsabilidad alguna y se la adjudique al Maligno) con la que llamo al pan pan y al vino vino, desentendida de las técnicas de "dorar la píldora", entonces resulta que en un tiempo de simulaciones y bailes de disfraces soy una "atravesa´" siempre "fuera de tono" y yo lo prefiero a convertirme en lo que no quiero y no soy.
Por estos días esa manera de ser me trajo otro desacierto, por cuatro semanas estudiantes de periodismo de primer año se adiestraban en nuestra redacción, tutoreaba a una de ellas, como es habitual me tomé muy en serio mi responsabilidad profesional, parecía que todo iba muy bien, pero no fue así.
Al regreso de uno de los lugares a los que fuimos a trabajar, le orienté que debía de hacer con la información, yo la abordaría de otra manera, al siguiente día mi entrega ya estaba en redacción pero aún no podía disponer de la suya,no me gusta la morosidad y percibí poca disposición, así que le "saqué el pie".
Lo hice porque recuerdo que en mis años de estudiante llegaba a la redacción del periódico ¡Ahora! de mi querido Holguín y realmente iba con el ánimo de comerme el mundo y no entiendo que para alguien que empieza en un oficio que lleva tanta pasión(al menos eso creo),no haya premura por el acto de redactar, esperé que mi distanciamiento le hiciera reaccionar, pero no y lo que creí implementar como "cura de caballo" se tomó como manifestación de mi antipatía, así que la relación se enfrió.
Normalmente no pospongo la solución de problemas, pero quería que tuviese un curso natural y esperaba no tener que recurrir a la crudeza de mi diálogo, pero el tiempo se esfumó y el día en que debía entregarle su evaluación, supe que de nada serviría sin una conversación esclarecedora, fui de las estudiantes a la que poco o nada importaban los sobresalientes o premios mientras tuviese lo suficiente para seguir adelante, sólo distinguía las asignaturas de la especialidad.
Me duelen sus lágrimas de expectativas frustradas, por la nimiedad de no haberla incluido en el crédito del reportaje que había hecho, por demás sin ninguna trascendencia una de esos actos rutinarios que implica la labor diaria, quisiera creer que entendió que le hablé como lo hubiera hecho con cualquiera de mis hijas, que no pretendo ser simpática (hace mucho eso dejó de ser una pretensión) pero ojalá y este desacierto fruto de la incomunicación, sirva para despertarle las ansias de un espacio propio dentro del mundo del periodismo.
Traté de hacerla entender que esta profesión no es sólo una elección de empleo sino una decisión de vida, porque se es periodista con un hijo enfermo en los brazos o en un cabaret, que en cada instante lo que sucede alrededor puede ser fuente de trabajo, creo que en el amor que siento por esta profesión influyó de modo determinante el esfuerzo personal y familiar que significó estudiar en los años en que tocó fondo la economía de este país, cuando estaba en una residencia sin confort, a más de 200 kilómetros de mi casa y en momentos en que muchos tiraron la toalla y optaron por le no hacer nada, ya que el futuro no era promisorio ni mucho menos,mi título se llevó hasta un poco de mi salud, como sucedió con miles de los que nos graduamos en esos años.
Soy una "guerrerista" me gusta luchar por mis cosas, creo que se valoran más las cosas obtenidas a fuer de sacrificio, creí que dejarla libre del paternalismo de una tutoría la haría rebelarse, entiéndase que mi tesis final estaba dedicada "a los que me ayudaron y a los que no porque nada como sus negativas me incentivaba", pero todas las personas no somos iguales, desde mi experiencia como adulta debí de haber actuado de otra manera, estos días me han dejado un sinsabor de frustración que pienso aún mayor en ella, sólo me queda el consuelo que aunque tarde le dije lo que pensaba y la esperanza de que no haya sido inútil.
Sume a esto una lengua (que Dios me dio digo yo, aunque un amigo se apresure a eximir el Divino de responsabilidad alguna y se la adjudique al Maligno) con la que llamo al pan pan y al vino vino, desentendida de las técnicas de "dorar la píldora", entonces resulta que en un tiempo de simulaciones y bailes de disfraces soy una "atravesa´" siempre "fuera de tono" y yo lo prefiero a convertirme en lo que no quiero y no soy.
Por estos días esa manera de ser me trajo otro desacierto, por cuatro semanas estudiantes de periodismo de primer año se adiestraban en nuestra redacción, tutoreaba a una de ellas, como es habitual me tomé muy en serio mi responsabilidad profesional, parecía que todo iba muy bien, pero no fue así.
Al regreso de uno de los lugares a los que fuimos a trabajar, le orienté que debía de hacer con la información, yo la abordaría de otra manera, al siguiente día mi entrega ya estaba en redacción pero aún no podía disponer de la suya,no me gusta la morosidad y percibí poca disposición, así que le "saqué el pie".
Lo hice porque recuerdo que en mis años de estudiante llegaba a la redacción del periódico ¡Ahora! de mi querido Holguín y realmente iba con el ánimo de comerme el mundo y no entiendo que para alguien que empieza en un oficio que lleva tanta pasión(al menos eso creo),no haya premura por el acto de redactar, esperé que mi distanciamiento le hiciera reaccionar, pero no y lo que creí implementar como "cura de caballo" se tomó como manifestación de mi antipatía, así que la relación se enfrió.
Normalmente no pospongo la solución de problemas, pero quería que tuviese un curso natural y esperaba no tener que recurrir a la crudeza de mi diálogo, pero el tiempo se esfumó y el día en que debía entregarle su evaluación, supe que de nada serviría sin una conversación esclarecedora, fui de las estudiantes a la que poco o nada importaban los sobresalientes o premios mientras tuviese lo suficiente para seguir adelante, sólo distinguía las asignaturas de la especialidad.
Me duelen sus lágrimas de expectativas frustradas, por la nimiedad de no haberla incluido en el crédito del reportaje que había hecho, por demás sin ninguna trascendencia una de esos actos rutinarios que implica la labor diaria, quisiera creer que entendió que le hablé como lo hubiera hecho con cualquiera de mis hijas, que no pretendo ser simpática (hace mucho eso dejó de ser una pretensión) pero ojalá y este desacierto fruto de la incomunicación, sirva para despertarle las ansias de un espacio propio dentro del mundo del periodismo.
Traté de hacerla entender que esta profesión no es sólo una elección de empleo sino una decisión de vida, porque se es periodista con un hijo enfermo en los brazos o en un cabaret, que en cada instante lo que sucede alrededor puede ser fuente de trabajo, creo que en el amor que siento por esta profesión influyó de modo determinante el esfuerzo personal y familiar que significó estudiar en los años en que tocó fondo la economía de este país, cuando estaba en una residencia sin confort, a más de 200 kilómetros de mi casa y en momentos en que muchos tiraron la toalla y optaron por le no hacer nada, ya que el futuro no era promisorio ni mucho menos,mi título se llevó hasta un poco de mi salud, como sucedió con miles de los que nos graduamos en esos años.
Soy una "guerrerista" me gusta luchar por mis cosas, creo que se valoran más las cosas obtenidas a fuer de sacrificio, creí que dejarla libre del paternalismo de una tutoría la haría rebelarse, entiéndase que mi tesis final estaba dedicada "a los que me ayudaron y a los que no porque nada como sus negativas me incentivaba", pero todas las personas no somos iguales, desde mi experiencia como adulta debí de haber actuado de otra manera, estos días me han dejado un sinsabor de frustración que pienso aún mayor en ella, sólo me queda el consuelo que aunque tarde le dije lo que pensaba y la esperanza de que no haya sido inútil.
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