
Hasta la final del play off de pelota ha sido relegada a un segundo plano ante las declaraciones ofrecidas por funcionarios y directivos de diferentes sectores con respecto al impacto de la crisis económica mundial en Cuba, si bien es cierto que desde principios de la década del 90 del pasado siglo dijimos adiós a la bonanza que gozábamos, gracias a las beneficiosas relaciones con el campo socialista, también es cierto que a pesar de la inclemencia de la naturaleza con nuestra isla se vislumbraba un horizonte, sino luminoso al menos claro.
El anuncio de que los apagones pueden volver a insertarse en la cotidianidad, ha sido sin duda el elemento detonante, para los cubanos apagones y período Especial son una misma cosa, por asociación de ideas y aunque pecamos de un optimismo pleno, la duda gana terreno.
No hace falta desgastarse en recordar que la globalización hace que el fenómeno nos toque a todos en mayor o menor grado, que la obtención de biocombustibles a partir de alimentos y la consiguiente alza de los precios de estos en el mercado internacional vuelve la situación muy tensa para los países que deben importar grandes cantidades de ellos para mantenerse a salvo de la hambruna y Cuba se cuenta entre estos.
Aunque llevamos casi dos décadas dentro de un período de crisis algunos síntomas alentadores de recuperación en el orden económico y social pueden quedar momentáneamente en recesión o incluso tener un retroceso, más la experiencia acumulada no permitirá que caigamos en indicadores tan bajos como los del año 93, pero el paso que llevábamos cambiara de ritmo.
Los cubanos tenemos algunas certezas que podrían ser la envidia de algunos de los que padecen la crisis en otras latitudes: sabemos que no habrá desamparados, ni desempleos masivos, que aquí nadie muere de hambre, ni le falta asistencia médica o tiene que sacar a sus hijos de la escuela…
Por otra parte la crisis en Cuba se hace acompañar del bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos y las restricciones extraterritoriales que impiden un libre acceso al mercado internacional, más el lastre de las medidas emergentes que ayudaron a salir del pozo en el que caímos, como la existencia de la doble moneda.
Pero los cubanos somos expertos en paliar carencias materiales, algunas de las vividas no merecen la pena ser recordadas, los límites a los que llegó la inventiva nacional en aquellos años, no pocas veces sobrepasó lo racional y se cebó en el absurdo o el ridículo, incluso en el peligro.
Hoy contamos con sistemas y mecanismos que no existían en aquel entonces y pienso la agricultura urbana, en el fomento del turismo, en el desarrollo biotecnológico consolidado, en el apoyo de países de la región que optan por un cambio en sus políticas económicas y sociales, sin embargo es inútil intentar el engaño o minimizar el impacto.
Si algo espero de esta crisis es que al emerger de ella resolvamos de modo definitivo una serie de problemas de funcionamiento interno que vienen frenando el mejor desenvolvimiento de los proyectos nacionales en todas las esferas de la vida, que finalmente encontremos la manera justa de respaldar productividad y eficiencia con salario, con ello restaurar el valor del trabajo como fuente de riqueza individual y colectiva, dejar de crear actividades no productivas, centrarnos en la formación de obreros, técnicos, la imprescindible mano de obra calificada, pues un país subdesarrollado no puede prescindir de ellos y centrarse sólo en la formación de intelectuales.
Que dejemos de usar excusas ante lo mal hecho, de tirar culpas al suelo y las echemos sobre nuestros hombros para sentir con su carga la urgencia de corregirnos.
Espero que acabemos de encontrar la manera de pagar al campesino y estimularlo a producir a tono con la riqueza que puede generar nuestra tierra, que su hijo sienta el apego por la parcela del progenitor, que acabemos con los intermediarios, la corrupción y la flojera de los que callan ante lo mal hecho, que nos toque el alma la conciencia y el apego por lo que es de todos, que esta crisis nos cure de la desidia y la apatía, del lamento y del reclamo, que nos una con la certeza de que somos más fuertes para enfrentarla, porque estamos curtidos en la lucha, para algunos puedo ser utópica, pero abrigo la esperanza incurable de que los hombres y mujeres de este tiempo asumamos hoy nuestra responsabilidad con el futuro, para que el mañana no tengamos que dejar como testamento al solicitud de una disculpa, ante la injustificable estupidez del auotexterminio.







