Según un antiguo proverbio juzgamos a los demás por lo que somos y no por lo que son, como suele suceder con estas sentencias resultado de la sabiduría popular, hay muchas maneras de interpretarla y en diversos casos puede traerse a colación, más hoy pretendo circunscribirme a algo en específico.
A pesar de que el rumor no merece el crédito de la veracidad, suelen tener un origen sustentado en la realidad, aún cuando propague calumnia o infamia, alguien buscó al repetidor ideal para poner en su boca infundios que respondan a sus intereses. Tipificado como delito, el acto de difamación, resulta un tanto engorrosa la búsqueda del punto naciente de la mentira convertida en acusación.
Cada palabra se corresponde con un significado y esta expresa un concepto, o un conjunto de ellas lo esbozan en su totalidad, pero esto no es un análisis sobre sintaxis gramatical, sino sobre la responsabilidad que implica cada vocablo salido de nuestros labios, atendiendo a la condición primigenia del lenguaje como expresión del pensamiento.
Se acepta como rasgo distintivo del cubano su condición de hablador, se suma a ella la de exagerar verbalmente cualquier hecho que narra o describe, pero de ahí a ser irresponsables en lo que decimos se debe marcar una diferencia notable, no es lo mismo la jactancia que la mentira.
Hacer del engaño un modo de vida lamentablemente no es un hecho aislado y mucho menos asombroso en estos tiempos en que no pocas veces nos asombra la parsimonia del hablante que hasta pretende ignorar nuestra capacidad de discernimiento, menospreciando al interlocutor.
Somos un pueblo con una rica tradición de hombres honestos que son parangón de esta virtud por la correspondencia que los distinguió y distingue entre palabra y acción, ser herederos de ello no es un asunto de poca monta, sino de actuar cotidiano.
Estos seres que desafortunadamente van creciendo en número, juzgan de la misma manera en que proceden y dan poco crédito a las palabras de otros, aún cuando le falten los elementos para sostener ese cuestionamiento, dan por sentado la mala intención del hablante y buscan segundas lecturas y beneficios inexistentes en quien habló, sólo porque ellos son incapaces de obrar de modo diferente.
El valor de cada palabra, no radica en lo que se pueda conseguir a través de ellas, sino en la certeza, aunque sea relativa que trasunta hacia el destinatario, ahí está el vano compromiso que propicia la seguridad, el desprecio por la palabra empeñada, la superficialidad concedida a la oralidad, por aquello de que las palabras se las lleva el viento.
Pueden quedar a merced de él si se pronuncian en ausencia de oídos, pero mientras exista un receptor de cada expresión debe ir en ellas la convicción de que trasmite un pensamiento, personal o colectivo y el respaldo del individuo que las pronuncia.
Cuidar del lenguaje para que los tonos y las palabras sean las justas y no vanamente hirientes, requiere de madurez y conocimiento, escogerlas para halagar los oídos ajenos en beneficio propio o resguardo personal en detrimento de su veracidad tiene definiciones populares y ampliamente conocidas: guataquería y cobardía.
Los guatacas y cobardes no conciben que alguien sustente su discurso, en el sentido más amplio de esta palabra, sólo por respeto a la verdad y el justo reconocimiento al mérito ajeno, con la observancia que merece la objetividad.
Son ellos muchas veces quienes lanzan la primera palabra ofensiva y de enjuiciamiento hacia quienes suponen desde su naturaleza personal incapaces de poner en al balanza las onzas de bien y mal.
Equivocarnos no es ajeno a la naturaleza humana, admitirlo tampoco debería de serlo, verdades absolutas son escasas y el tiempo y la evolución cada vez lo dejan más claro, pero pensar cada palabra y asegurarnos de que se corresponda con lo que pensamos, nos hace mejores seres humanos; desechemos el oportunismo y el frágil escudo de la mentira, hagamos de la verdad la base del diálogo y estaremos destronando a los mentirosos, esos que nos juzgan y enjuician porque son incapaces de transparencia quedarán por si solos abandonados en el camino, siempre y cuando no encuentren quienes repliquen sus desbordadas alucinaciones sólo para complacerlos.
Esta es una página sobre la realidad cubana, vista con el prisma personal de una periodista, que conoce sus matices y tratará de ser un vínculo más entre esta isla y el mundo.
martes, 29 de junio de 2010
miércoles, 9 de junio de 2010
¿Qué hay después?
Por estos días podría tener la vana pretensión de ser reina, "la magnífica soberana del reino Abulia"...Donde todos ruedan de una cama a otra aún cuando a los ojos de los foráneos parezcan seres sumidos en la cotidiana acción...
¿Por qué a veces nuestro cuerpo nos cuesta, la mente no cesa, la calma se extingue?
¿Por qué ponemos nuestros afectos e ilusiones en seres tangibles? ¿Por qué confiamos en otros, por qué esperamos ser entendidos? ¿Por qué podemos pensar en atroces ideas con pasmosa serenidad?...
Son muchos por qué en una noche donde la oscuridad nace de mí y las palabras salen húmedas de pena, no siento vergüenza, la decepción me vence, cuando la gravedad precipita hacia el abismo de lo irrecuperable algo o alguien a quien consideraba posesión, desciendo a la sima y me empapo de la vulnerabilidad del miedo, la sinrazón cena esperanza y el futuro es sólo un paso más, en bajada...
A veces encuentras las fuerzas y las maneras para escalar, porque en el fondo sigue viva la idea de no pertenecer allí ¿y si muere? ¿Qué hay después...?
¿Por qué a veces nuestro cuerpo nos cuesta, la mente no cesa, la calma se extingue?
¿Por qué ponemos nuestros afectos e ilusiones en seres tangibles? ¿Por qué confiamos en otros, por qué esperamos ser entendidos? ¿Por qué podemos pensar en atroces ideas con pasmosa serenidad?...
Son muchos por qué en una noche donde la oscuridad nace de mí y las palabras salen húmedas de pena, no siento vergüenza, la decepción me vence, cuando la gravedad precipita hacia el abismo de lo irrecuperable algo o alguien a quien consideraba posesión, desciendo a la sima y me empapo de la vulnerabilidad del miedo, la sinrazón cena esperanza y el futuro es sólo un paso más, en bajada...
A veces encuentras las fuerzas y las maneras para escalar, porque en el fondo sigue viva la idea de no pertenecer allí ¿y si muere? ¿Qué hay después...?
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