Dos o tres detalles serán ejecutados antes del fin de año y nos tomaremos unas semanas de descanso, los días festivos no son para estos ajetreos y menos si como nosotros celebramos con cualquier pretexto, por demás en enero tenemos dos cumpleaños en casa y esperamos que las arcas vuelvan a ser tales para adelantar a mejor ritmo. así que habrá receso constructivo.
Esta vez mi estancia en Holguín y Bayamo han tenido el triste matiz de ver a mi abuela en un mal estado de salud, creo que esta si ha sido mi última oportunidad de verla con vida, y no es pesimismo, sólo la realidad de su gastado cuerpo que el próximo día 18 cumple 88 años y lo aquejan dolencias cardíacas y otros males asociados que hacen difícil pensar en un buen pronóstico, quisiera pensar que me equivoco y que volveré a brindarle los cuidados que ahora ella requiere y tantas veces me dio en mi infancia, daría cualquier cosa por iluminarle el rostro con una sonrisa y que diese cumplimiento al pedido de mi hija menor que desde sus cinco años percibió la cercanía de la muerte y de buenas a primeras se le paró delante y le dijo: "abuelita tú no te puedes morir, porque mi mamá me trae a verte una vez al año, pero cuando yo sea grande te prometo que voy a venir muchas veces".
Sólo los niños pueden comportarse con una crueldad tal y conmovernos, mi abuela narró la anécdota una y otra vez, estaba orgullosa de esta perpicaz bisnieta, la menor de su prole, tan lejana en espacio y cercana en afecto, antes he dicho que creo que una de las cosas que he hecho bien en mi vida ha sido fomentar en mis hijas el amor por esa familia que no ven a diario, pero a la cual nos unen fuertes lazos afectivos.
Mis hijas y sus tías, focos generadores de "malacrianzas"...
De cualquier forma estar cerca de los míos siempre resulta gratificante, aunque debo confesar y no sin dolor que esta vez comprendí, después de ocho años viviendo en Pinar del Río, que soy más de lo que pensaba de esta tierra, me siento ajena en aquellas calles y aunque no faltan auténticos abrazos preñados de nostalgia, sentía la necesidad acuciante de mi casa, mi espacio en vueltabajo y hasta a mí me cuesta mucho asimilarlo, creo que sólo mi esposo esperaba que de un momento a otro sucediera, María Fernanda por primera vez exigía el regreso y a India sigue pareciéndole poco todo el tiempo que permanezca en oriente.
No faltaron los paseos de siempre, los festejos en familia, que nos bastamos para una fiesta en casa, esta vez traje pocas fotos pues increíblemente no llevé cámara, lo lamenté pero ya era tarde...
Traigo dentro un montón de imágenes evocadas desde la carretera, ideas de cosas por escribir, un sentimiento encontrado entre la añoranza perpetua de mi pasado y el presente que me atrapa, los apegos del espíritu a mi terruño, y los nuevos hilos que ni siquiera sentí anudarse.