Desprovistas de prendas, esmalte en las uñas, con sus cabellos cubiertos por gorros verdes sin dejar oportunidad a un corte o un color para adelantar algo, recogidas sobre sí mismas para que la desnudez no salte por las maltrechas batas quirúrgicas que llevan como vestuario, casi dos decenas de féminas hacen antesala en un cubículo del ala materna del hospital Abel Santamaría Cuadrado en la ciudad de Pinar del Río.
La mayoría de ellas están allí para hacer valer su derecho de interrumpir un embarazo no deseado, otras por razones terapéuticas, o para que manos especializadas eviten que la voluntad de madre natura deje complicaciones en su cuerpo al dejar de latir el corazón de su pequeño feto, pero lo más alarmante resulta que la mayoría de aquel grupo lo conforman jóvenes entre 15 y 21 años, consideradas como niñas dentro de cualquiera de sus casas, pero que están allí porque sus prematuros juegos de mujer, tuvieron un inesperado final.
Una quinceañera luchaba con su copiosa cabellera para reducirla debajo del gorro y como si se tratase de un bebé, con arrumaco y todo reclamaba la presencia materna para que la socorriese, la pregunta no se hizo esperar, ¿llevaste a tu mamá al momento en que quedaste embarazada?
Las generaciones que engendramos a los jóvenes de hoy sufrimos con rudeza el Período Especial, hemos puesto un desenfrenado empeño en privar a nuestra prole de carencias, en evitarles el rigor de la vida y de paso nos saltamos también muchas cosas de la educación, el inicio de las relaciones sexuales tempranas no sólo es fruto de la televisión y filmes foráneos, también la fomentamos desde casa cuando apenas empiezan a pararse y preguntamos por el novio del círculo, las vestimos como adultas, permitimos que accedan a programación e información impropias para la edad o “celebramos” la prosaica manera de danzar la pequeña.
La sexualidad no debe ser un tabú, pero tampoco rebajarla a algo tan normal que carezca de importancia, ya se perdió la magia de “la primera vez”, muchas de estas niñas dejaron su virginidad sólo para ponerse a tono con el grupo, para probar que ellas si son mujeres, o porque la educación que recibieron sobre el tema tendía más a incentivarlas que a prepararlas para una conducta sexual responsable y ojo con este término porque tanto la propaganda como la información disponible se enfoca en el uso del preservativo, como la solución mágica y si es bueno divulgar sus beneficios, tampoco podemos resumir la responsabilidad al empleo del mismo, porque la promiscuidad trae otros males al margen de enfermedades venéreas.
La incidencia del cáncer cérvico uterino en edades más tempranas es tema ampliamente conocido, así como que la razón de esta tendencia se encuentra en el inicio temprano de las relaciones sexuales, además de los riesgos asociados al empleo del legrado como método regulador de la natalidad, sorprende el desconocimiento de el peligro que corren y como asumen su paso por aquel salón, como si fuese una parte más de ese juego de erigirse desde el cuerpo de adolescentes en mujeres.
Una enfermera les ofreció de manera voluntaria una charla sobre el tema, no prestaron mucha atención y ella lo percibió, aceptando que seguramente las volvería a ver allí. El sistema de salud brinda garantías, hay divulgación sobre el tema, campañas educacionales, pero sólo la familia puede desde su seno fungir como reguladora de tan negativa tendencia en la sociedad cubana.
Nuestras jóvenes tienen oportunidad de estudiar, la seguridad del entorno en el cual crecen propicia un acceso a la libertad impensado en otros lares, pero quienes las trajimos a la vida tenemos sobre nuestros hombros la responsabilidad de cuidarlos y estar atentos. En todos los tiempos ha existido el embarazo en adolescentes y no es época de echarlos de casa o darles la espalda por temor a la deshonra, pero tampoco de ser simples testigos de sus errores porque los suyos son los nuestros y escribo cada palabra con el temor horrible de mi tejado de vidrio como madre de dos niñas. No hay manuales a prueba de fallo en la educación, pero al menos debemos intentarlo todo y las estadísticas apuntan a que no lo estamos haciendo.
