viernes, 9 de marzo de 2012

Renovemos votos.

Según los textos especializados el periodismo es recolectar, sintetizar, jerarquizar y publicar información concerniente a la actualidad, en la práctica es mucho más que eso y en la medida que la sociedad avanza hacia el empleo de nuevas tecnologías crece el diapasón de acciones que están integradas al ejercicio de la profesión.
El análisis es una de las que cada día resultan más inherentes y es que con los volúmenes de informaciones y las interconexiones que derivan de ellas en un mundo globalizado requiere integrarlas y “leerlas” desde perspectivas dominadas y esa es otra tendencia del periodismo contemporáneo, la especialización.
Pero no pretendo discurrir sobre qué es o no el periodismo para teóricos en el tema, cuando está próximo el 14 de marzo, otro día dedicado a la Prensa Cubana está por llegar, esta vez bajo el influjo del 120 aniversario de la fundación del periódico Patria por José Martí y resulta  ocasión propicia para adentrarnos, al menos un poco,  en algunos gajes del oficio.
A los periodistas cubanos  se nos tilda de mentirosos, superficiales, apologéticos, cobardes y es que un oficio que existe justamente de hacer público cada  acto resultado de él, está expuesto al criterio de otros, quisiera poder negar de tajo todos esos comentarios pero lamentablemente tienen sustento en la realidad, lo que no es justo que por unos que denigran la profesión se nos juzgue a todos.
Tampoco es momento para enumerar todos los tropiezos que día a día damos para el desempeño laboral, pero a pesar de que estamos convocados por la dirección del país a acabar con el secretismo y a ser  protagonistas dentro de los cambios a hacer, falta comprensión por las autoridades a los distintos niveles y no pocas veces nos usurpan el derecho de acceder a la información o teniéndola a su publicación, claro esos pueden lograr mejor tal propósito cuando hay abandono, falta de insistencia y una posición apática.
Los periodistas no estamos ajenos a la realidad de la nación, sufrimos los mismos embates de carencias y dificultades que presupone la cotidianidad, realizamos nuestro trabajo con los medios y recursos que disponemos, lejos de los que deseáramos, aun cuando no hacemos un empleo potencial de los que están ahí.
Tenemos nuevos retos con la tecnología, enfrentarlos y acercarnos a lo que espera de nosotros la población es un camino posible de transitar, hay muchos periodistas llenos del ímpetu preciso para hacerlo, dotados del conocimiento y la habilidad, merecemos el voto de confianza para superarnos  y encontrar maneras más eficaces de validar nuestra función social.
Hace algunos años una ciudadana afectada por trabajos críticos que realizaba, me instó a renunciar porque no iba a arreglar el mundo, ya quisiera yo y otros tantos poder albergar tal pericia, pero como en aquel entonces algo si dejo claro podemos continuar reparando sueños, compartidos con los millones de cubanos que apostamos por un futuro mejor, dentro de la isla.
Recientemente un directivo me pedía que lo “llevara bien”, es fácil imaginar que  había puesto al descubierto muchas deficiencias en su quehacer y me pregunto si será posible dar un solo paso hacia delante si procediéramos en complicidad con quienes no temen al error pero si al conocimiento del mismo, claro que no.
Nos corresponde iluminar con aquellos hechos y ejemplos que merecen ser replicados y también ensombrecer cuando precisemos exponer manchas oscuras que nos llenan de vergüenza sólo por conocerlas.
El periodismo es una profesión de compromiso, con la verdad; esa que puede ser regateada o escondida pero que al final siempre sale a flote, acortar su estancia en la penumbra nuestro desafío, y parece que este 14 de marzo es un buen momento para renovar votos profesionales, nunca hemos tenido un mejor contexto para ser útiles y ganarnos con la virtud de la eficacia un principado, que de a poco revierta esos epítetos maléficos que nos persiguen.

Nota: El video lo realizamos en el 2009, pero la historia sobre la fundación de Guerrillero sigue siendo la misma y también los caminos a transitar.
 


miércoles, 7 de marzo de 2012

Entre mujeres.


¿Cuál de nosotras en uno  de esos días en que los dolores menstruales mancillan el  cuerpo o  tenemos una  jornada en qué no sabemos cómo atender a todos los reclamos de casa, familia, hijos y trabajo, no hemos pensado en las “ventajas” de tener un pene en lugar de vagina?
¿Cuál de nosotras no ha envidiado la facilidad con que orinan sobre el neumático del carro o el tronco de un árbol, mientras llamamos a capítulo nuestra vejiga porque la carencia de condiciones impone la continencia?
Pero ese espíritu travesti es un pensamiento fugaz que se esfuma ante la magnitud de lo que encierra la feminidad, por nada del mundo renunciaríamos a saber que nuestros hijos no tienen sólo la información genética que portamos sino que son carne de nuestra carne, y que los parimos con dolor, no por algún castigo divino, sino porque las grandes cosas precisan estar ungidas por el sacrificio personal. Cómo cambiar  las horas que ofrecemos el  regazo amamantándolos con  la savia ancestral que les legamos en nimio trueque para que sus manitas se inicien explorando nuestro rostro en el misterio de la caricia.
Y comienzo hablando de la trascendencia de la maternidad, porque para los más reacios detractores de la mujer, somos sólo una evidencia de la imperfección del hombre, nos  requieren como hembras, en el estricto sentido reproductivo, claro nosotras podríamos alegar que ellos representan la generosidad que nos marca y que los hemos preservado en milenios de evolución donde no hemos optado por la  marca asexual.
Mucho se ha dicho de la frivolidad femenina tan empecinada en resguardar  la belleza, pero al parecer las nuevas propensiones que cada día ganan más adeptos en la  tendencia metrosexual, prueban que la presunción estética es asunto de todos, al margen de que nos disputan atributos que por años fueron exclusivos,  o al menos casi, de las mujeres.
¿Hay una tendencia a la femineidad? No puedo asegurarlo categóricamente, pero sí cada días los rostros que   antaño fueron símbolo de virilidad se diluyen en similitudes pasmosas con cualquiera de nosotras.
Muchos han dejado sentencias sobre las mujeres algunas halagüeñas otras realmente denigrantes, pero sería imperdonable hablar de mujeres sólo desde la perspectiva  de las que podemos reírnos de esas marcas de sexo y no hacerlo desde las de otras que ven en la masculinidad una forma de salvamento.
¿Quién podrá ofrecer la dimensión exacta en que una mujer vejada por el golpe añore que florezca la virilidad en su cuerpo para ripostar frente al abusador? ¿Cómo saber el  ansia con que  anidará el deseo de la hombría en las inconformes nacidas en medio de una cultura patriarcal, dónde constituyen sólo una propiedad del padre y luego del esposo? ¿Podremos descifrar alguna vez el enigma escondido en la mirada opaca de las esqueléticas africanas,  ajenas a la moda,  pero víctimas del hambre y que tienden su famélico pecho a una descendencia a la cual pueden cederle sólo la miseria?¿Hay manera de compensar a las víctimas de la mutilación sexual?...
Son tantas las mujeres que tienen el alma tatuada de dolor, la mirada constreñida a la vista de sus hombres, la posibilidad reducida a lo que escapa de costumbres bárbaras, que  resulta impropio excluirlas. 
 No hablemos de luchas, derechos, igualdades, términos que por manoseados a veces resultan huecos, en especial para aquellas a quienes ni las leyes, ni los reconocimientos les sirven para modificar su realidad, es en contextos de pobreza la mujer quien lleva sobre sí la mayor carga, los  daños físicos.
En muchos casos las conquistas sociales de la mujer no hacen sino recargar el esfuerzo que requiere su doble vida en el entorno social y el hogareño, la irracionalidad de establecer desigualdades  amparadas en  sexo, raza o cualquier otra diferencia es tan absurda, como la propia certeza de que existen y es preciso erradicarlas.
Encerramos sin embargo la seguridad del futuro, ese que no queremos solas, sino acompañadas por hombres sensibles, que nos tributen el respeto, no por el sexo, sino por la igualdad, que reconozcan no la fragilidad sino la ternura, que no sucumban al apetito carnal, sino al goce mutuo, que lo estremezca la palabra oportuna sin callarla con el golpe, que entiendan que la independencia y libertad de la mujer no es un regalo sino un merecimiento indiscutible.
Mientras este momento llega nos queda la posibilidad de soñar que quizás para el próximo 8 de marzo, no encontremos sobre la tierra mujeres llorando por sus hijos muertos en conflictos bélicos, que ninguna lleve el rostro oculto, ni la mirada apagada, que sin distinción de cuna, color de piel o religión, asista a cada una el derecho de escoger cómo vivir, lejos de la pobreza y enfermedades prevenibles... cada quien puede añadir su propio sueño y esa sería la única manera de festejar un día como este sin que nada limite la palabra Felicidad, que suena a utopía, pero no lo es.