lunes, 18 de julio de 2011

Entre el insomnio y la nostalgia...

Debería estar escribiendo varios trabajos que tengo pendiente de entregar al periódico, o un guión de unas memorias por editar, pero se me escapan las ideas y las pocas ganas de obligarlas se quedan de brazos cruzados viéndolas ir.
Julio ha sido un mes intenso mucho trabajo y una pena grande, mi abuela estuvo varios días hospitalizada en estado grave y todavía está muy débil, aunque médicos y familiares hemos sido sorprendidos por su recuperación, casi nueve décadas de vida y todavía dando una pelea de las buenas.
Julio trajo otros sucesos, mi sobrino acaba de cumplir sus 15 años, terminó los estudios correspondientes a la enseñanza secundaria y tal y como deseaba cursará el pre universitario en una escuela militar, lo que acá solemos llamar “los Camilito”, en lo personal no deseaba para él esa vida de tanto rigor, disciplina, pero por nada ha mostrado tanto empeño y voluntad, lo consiguió y si ese es su deseo pues no me queda más que ser feliz con lo que él lo es.
Todavía no me acostumbro a esa voz grave que me responde del otro lado del teléfono cuando llamo a casa de mi hermana, ese no es el niño que estuve esperando casi 26 horas en un salón de un hospital mientras temía por él y mi hermana, tampoco es el bebé cuyos avances me enorgullecían de modo especial y es que fui primero tía que madre.
Sigue siendo nuestro Willy, pero ahora quepo yo en sus brazos y puede mirarme desde arriba, ha sido y es un niño maravilloso, cariñoso, dulce, inteligente (podría ser más aplicado), un primo de ensueño, pero en especial se vaticina en él una buena persona y eso es quizás lo mejor que podríamos esperar de nuestra descendencia en tiempos como los que corren.


Mi madre y sus tres nietos hace poco menos de un año.





A veces pasan días y ni siquiera escucho su voz, son meses sin verlo, pero ¿y el Willy? Es pregunta obligada en los diálogos diarios con mi hermana y mi papá, conozco sus carencias, conflictos y victorias, los días de exámenes, los resultados finales, las historias con la novia, las noches de amigos… y es una de mis grandes carencias afectivas, me molesta que hace ocho años dejé apenas un niño y ahora cuando regreso encuentro a un joven transformándose en hombre, no deberíamos estar lejos de las personas que amamos, es la distancia una de las barreras insalvables, no mata el afecto ni la comunicación pero nos mutila los brazos y los labios, porque el beso que se pierde en el teléfono nunca llega a rozarnos la mejilla y el “te quiero” que se murmura en un abrazo no se puede comparar al escuchado en un auricular, pero no puedo detener el tiempo y mientras mis canas y achaques se multiplican él se yergue y nos anuncia que esa es la vida.
La vida que se ha forjado al abrigo de muchos seres queridos, una madraza que le gusta “hacerse la dura” y él la vuelve mantequilla, un padre que ni intenta la pose de duro, cede a la primera; un abuelo que a veces no se sabe a quién regañar… y muchos otros en especial en Bayamo, como esa bisabuela que trasladó la luz y el desvelo puesto en su nieta mayor, a su único hijo, las primas “tías” y todos eso primos que no pasamos un examen de sangre con rigor, pero que nos amamos más allá de lo otros lazos podrían sugerir. La abuela que siente celos “furibundos” de esa compañía cuyo amor ella misma ayudó a tejer, en fin, toda una gama de afectos y un consenso general, es un niño encantador, fácil de querer, así que no hay mérito alguno en esta tía que te ama a pesar de la distancia, pero ya son muchas las ausencias que no me perdono y no haber estado en tu 15 cumpleaños es una de ellas… así que en esta noche de insomnio y nostalgias, prefiero escribir sobre ti y aunque no me acerquen las palabras, al menos me sirven para la catarsis y dejar la promesa de que a la primera oportunidad, estaremos juntos…

miércoles, 6 de julio de 2011

La Voz.

La intensidad del sol caía con desparpajo sobre la tierra, la brisa caliente se colaba por la ventanilla abierta sin alejar la modorra que el monótono y rítmico sonido del motor me imprimían, con la vista puesta en el horizonte y los pensamientos un poco más allá, no logro recordar cuál fue el instante preciso en que aquella voz atrajo mi atención, pero por el tono y la originalidad de sus palabras en un momento me descubrí prestando atención a la radio, a pesar de que suelo evadirme conscientemente de ella, porque no me gusta, es más, estoy segura de que me irrita.
Ese fue mi primer contacto con Noemí, una mujer que lleva casi tres décadas ligada a los micrófonos de la emisora Radio Sandino, al verla me sorprendió que apenas sea una mulata, pues se anuncia en la despedida de uno de sus programas diarios como la responsable del tinte negro que confiere a las mañanas de los oyentes en tanto a su compañero de cabina le otorga la responsabilidad del tono blanco.
Y aunque apenas menciona estos dos colores creo que su voz es mucho más policroma, tiene el don de pintar con palabras y permitirnos visualizar aquello que nos describe o anuncia, tuve el privilegio de estar a su lado en la trasmisión de uno de sus espacios habituales, en esta ocasión información utilitaria y de valor social, para quienes no la han visto les cuento que Noemí le habla al micrófono de la misma manera en que lo haría en la calle, gesticula con las manos y el rostro y disfruta cada instante en que multiplica su voz por la frecuencia de la emisora local.
Noemí Balmaseda Albelay, es una mujer de radio, locutora, guionista, directora, periodista, publicista, posee un carisma singular y una franqueza que conquista, con rapidez y sin tapujos bosquejó su vida, sin omitir detalles por engorrosos que sean.
“Nací en Sandino, mi familia llegó aquí con el plan Miramar, mi papá era vecino de Cheíto León, así que ya tú sabes, somos cuatro hermanas y todas nos hemos formado como profesionales, militantes del Partido, dirigentes”
Y me sorprende que el pasado que otros intentarían ocultar ella lo ponga por delante, no duda en incluir a su padre entre los tesoros más valiosos y no falta una perspicacia excepcional que ahí encontró la fuente de inspiración para el trabajo “Escambray, génesis de una vida” que le permitiera obtener el premio periodístico 26 de Julio.
Otros muchos galardones atesora Noemí, como el premio Primero de Mayo, el científico técnico Gilberto Caballero, el Nacional de Medio Ambiente y varios galardones en los festivales municipales y provinciales de la radio, sin embargo considera que la mayor recompensa de su vida son Leydi y Dayana, sus hijas.
Una mención especial su esposo, que lo califica de muy exigente y de ser el pilar fundamental en la vida doméstica para poder asumir sus compromisos en la radio y en Sandino Visión, telecentro local con el cual también colabora.
Noemí es presidenta del Consejo Artístico en la emisora, también dirige un proyecto con niños que padecen el síndrome de Down y que Willy Campa, el reconocido músico pinareño, oriundo de Sandino le ayuda a patrocinar.
Desde pequeña se insertó en programas de la radio y en el transcurso de los años ha ido complementando su formación profesional, agradece en particular a Remberto Rico y Ramón Hernández, por todo lo aprendido junto a ellos, ahora retribuye el gesto y ha sido formadora de varias generaciones, fruto de esas enseñanzas es José Ramón Piñero, operador de audio, su brazo derecho, basta una mirada a través del cristal de la cabina, para que se pongan de acuerdo.
La voz de Noemí identifica la emisora, y con sólo mencionar su nombre los habitantes del municipio más occidental de Cuba, la reconocen con inmediatez, pero por esos encantos y misterios de la onda, su palabra llega más allá que el límite geográfico que demarca la frontera y tal vez a usted no le haga falta saber que ofrecen en el mercado agropecuario, los servicios de la peluquería o la ofertas de la heladería, pero ella lo atrapa y es que la dinámica de sus programas le impone un ritmo que no deja espacio para mover el dial.
Reconoce que le gusta hacer programas en vivo, la interacción con el público y que cada año trata de reestructurar sus programas, para mantenerlos en la popularidad y en especial para acercarlo más a lo que quieren sus oyentes, confiesa sin tapujos que pregunta constantemente a la gente si oyeron sus programas y qué querrían escuchar en ellos, esa es su mejor herramienta de trabajo para el replanteamiento de los distintos espacios.
No conozco a Noemí con profundidad, pero me impresionó la facilidad con que en medio de lo que a otros podría parecer un caos ella fue dando cuerpo a un programa de radio en vivo, sin dejar de conversar, sin perder el hilo de la trasmisión, sin errores, sin entradas tardías o tan sólo un titubeo, un derroche de oficio y profesionalidad en un medio complejo y dependiente de la tecnología.
Quienes trabajan en la radio saben que pueden perder en un instante a sus oyentes, que no hay un segundo menos importante que otro, que la señal puede faltar en el receptor, el desinterés mover el dial o el tono de su voz quebrar la empatía, Noemí juega a perseguirnos, a retenernos con un timbre que madre natura le concedió y ella ha perfeccionado su uso, esta mujer logra tender un puente y que sintamos su carisma más allá del mensaje.
Se siente orgullosa de pertenecer a ese colectivo que el próximo 10 de octubre estará celebrando el 30 aniversario de la fundación de la emisora, su vida está indisolublemente ligada a esa historia, no puede discernir entre cuánto hay de ella en la radio y cuánto de la radio vive en ella, pero no hace falta, porque Noemí acompaña desde la radio a vivir y la radio vibra en ella marcando etapas de existencia y propiciando la energía para insuflar nuevos sueños, los que teje con su voz desde la cabina para cualquiera que pueda oír, o los que oye y la aferran a la esperanza de poder marcar la diferencia entre la soledad y la compañía de los que están allá afuera.

Fotos de Daniel Mitjáns.