Sería difícil de precisar si la atracción emana de esa barba gris que le confiere un aire de anciano venerable, del magnetismo de la voz que atrapa entre cadencias, o tal vez de la gestualidad de unas manos grandes en las que se adivinan contenidos misterios indescifrables, lo más probable es que sea el conjunto; esa sumatoria subyugante cautiva a los niños cuando aún no entienden la magnitud de su simpatía, cuando aún no pueden adentrarse en conceptos, cinco letras van constituyendo un símbolo.
Un símbolo que no es una alegoría, es un ser concreto al cual aprenden a amar y respetar por imitación a sus adultos, por el tono de amistosa admiración implícito en la más común mención de su nombre, por el orgullo de pertenencia al decirle nuestro, por el beneplácito con que se acogen sus palabras y la buena voluntad de cambiar ritmos de marcha o hasta senderos para seguir una orientación o sugerencia suya.
Van los infantes teniendo sus propias experiencias y completando los espacios en blanco sumando retazos de historia, algo de lo que enseña la maestra, anécdotas de familiares, amigos, vecinos y hasta algún que otro cuento del gracejo popular…
Ya son menos niños, entienden de enfermedades, hambre, miseria; saben de guerras, muerte y dolor, aún no son capaces de discernir estrategias políticas, pero se ven al espejo sin trazas de desnutrición, escuchan su risa y la de sus amigos. Se les escapa la sonrisa cuando en la nitidez de una foto o una imagen extra fronteras reconocen el miedo, el dolor, la opresión; no necesitan perder, conocen de sus bienes el verdadero valor y saben que fue ese hombre mítico quien guió a sus abuelos sin denuedo hasta conquistarlos.
Dejan detrás la infancia y con mayor capacidad de discernimiento se apropian de una figura que deja de ser símbolo, para ser líder, se acerca a la dimensión de lo cotidiano, acortando distancias tira a un lado protocolo y llega con la delicadeza del padre que no pretende arrebatarnos la libertad mientras nos acerca a la mejor senda para encontrar el camino hacia un futuro de hombres de bien.
Así hemos crecido varias generaciones de cubanos heredando de nuestros padres y abuelos el amor por un hombre que nos identifica como nación y nos engrandece como pueblo, queriendo a un Fidel, que no necesita de grados de Comandante para dirigir a un ejército, le basta la autoridad de una vida ejemplar, un verbo esclarecedor y la voluntad conquistada al precio del esfuerzo propio entregado en aras de un ideal de justicia, paz y solidaridad.
Un estratega que nos ha guiado hacia la victoria y cuya mayor riqueza es la certidumbre de un pueblo que no duda de su entereza y ante lo mal hecho esgrime como conjuro una sencilla frase que encierra toda la confianza posible en el mundo “si se entera Fidel…”
Por esta vez no le enteremos de otra cosa que de los votos de buena salud y total recuperación, hagámonos cargo de regalarle la felicidad de ser mejores hijos de esta tierra y dignos receptores del legado de hombradía que ha tejido desde su juventud.
A sus 80 años entreguémosle la certitud acendrada del futuro, la alegría de la infancia, las esperanzas de la juventud, la perseverancia de la madurez y la fuerza interminable de un pueblo unido que seguirá por siempre la ruta que nos va marcando.
Felicidades Fidel, Comandante en Jefe, “el Fifo”, “el jefe”, Castro, “la barba”…o como quiera que podamos llamarlo hombres y mujeres de esta isla o cualquier otra latitud del planeta, somos muchos quienes creemos en su obra, su palabra y lo invocamos con ternura filial para hoy de cuerpo o alma presente celebrar este cumpleaños, Felicidades con un abrazo apretado de pueblo que espera ansioso volver a verlo de nuevo en la línea de la vanguardia.
NOTA: Pocos días antes del 80 cumpleaños de Fidel los cubanos conocimos su enfermedad, para la ocasión a pedido de mi redacción escribí esta crónica...
Esta es una página sobre la realidad cubana, vista con el prisma personal de una periodista, que conoce sus matices y tratará de ser un vínculo más entre esta isla y el mundo.
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miércoles, 12 de agosto de 2009
lunes, 22 de octubre de 2007
Estirpe de hombres libres
Por Yolanda Molina Pérez.
El 31 de julio del pasado año, los cubanos quedamos sorprendidos se nos anunciaba que Fidel estaba enfermo de pronto su dimensión humana se nos clavó como una pesada espina en el alma, hubo horas, días de incertidumbre y desasosiego, pero nunca de indisciplina, jamás de desesperación…
Más de uno sumó los detalles extraídos del comunicado y fue en busca de un galeno amigo que conjeturara sobre la posible evolución, nació una decisión espontánea, popular, aún en pleno verano los cubanos no estábamos de ánimo para carnavales y se suspendieron los festejos, no se trataba de luto, sino de auténtica preocupación por la salud de un hombre cuya familia no se limita a los lazos de sangre, sino a la hermandad nacida de la comunión de ideales.
Era el pesar multitudinario de los pupilos por el estado de su mentor, los hijos para los cuales nunca es tiempo de decir adiós a su padre, pero especialmente todos empeñados en mantenernos fieles a la enseñanza, buscar reservas de fuerza y ecuanimidad para mantenernos a la altura de lo aprendido y poder continuar la vida sin sentir vergüenza de su ejemplo.
Para los enemigos era un canto de sirena, una vez más hubo en el norte recogida de maletas, comenzaron con su acostumbrada irreverencia y falta de sentido común a hacer de la muerte un pilar para su castillo de papel.
Esperaron en vano, ante la fuerza de sus amenazas se intensificó la preparación para la defensa, así en estos meses millones de cubanos dedicaron su tiempo a prepararse para una posible contienda, no se paralizó ningún programa de la Revolución, hubo transferencias de poder pero no cambios de estrategias o actitudes.
Hemos estado atentos a cada alentadora noticia, expectantes ante cada imagen o palabra que nos devuelva su habitual presencia, no le han faltado en medio de la recuperación las muestras de afecto de su pueblo, ese cariño diáfano que rehuye la histeria y los excesos.
Por este tiempo ha estado más cerca de todos nosotros, con mayor frecuencia ha sido tema de conversación, ahora como nunca se entronizó su presencia en la familia cubana, creció su magisterio y si era posible se multiplicó su figura legendaria.
Fidel se recupera, esa noticia nos ha ido llegando poco a poco, pero ya la sabemos y conociendo la naturaleza de los cubanos no nos ha escamoteado las maneras de saberlo con seguridad.
Su repentina enfermedad fue un escollo que una vez más supimos saltar, esta vez fue madre natura quien quiso hacernos una mala pasada, y ni siquiera ella pudo alterar el paso sereno con el cual aquí se trabaja a diario en aras de hacer las utopías realidades.
Los que están un poco más cerca del Polo Norte ya deshacen maletas y re archivan propiedades, con tantas veces y no aprenden, nosotros un poco más al sur cuando alguien frustra esperanzas desmedidas decimos “se cogió… con la puerta” y ellos nuevamente se lo cogieron.
Este pueblo reconoce en Fidel a su líder indiscutible, porque nos sentimos ufanos del destino que su genialidad trazó para nosotros, le seguimos sin sometimientos o miedos, lo hacemos con la libertad de una elección hecha por principios y convicción, ese espíritu vivirá en esta nación más allá de su figura, como vive el ideario martiano y el de muchos otros pensadores, luchadores sobre cuya sangre crece hoy una eterna estirpe de hombres libres.
El 31 de julio del pasado año, los cubanos quedamos sorprendidos se nos anunciaba que Fidel estaba enfermo de pronto su dimensión humana se nos clavó como una pesada espina en el alma, hubo horas, días de incertidumbre y desasosiego, pero nunca de indisciplina, jamás de desesperación…
Más de uno sumó los detalles extraídos del comunicado y fue en busca de un galeno amigo que conjeturara sobre la posible evolución, nació una decisión espontánea, popular, aún en pleno verano los cubanos no estábamos de ánimo para carnavales y se suspendieron los festejos, no se trataba de luto, sino de auténtica preocupación por la salud de un hombre cuya familia no se limita a los lazos de sangre, sino a la hermandad nacida de la comunión de ideales.
Era el pesar multitudinario de los pupilos por el estado de su mentor, los hijos para los cuales nunca es tiempo de decir adiós a su padre, pero especialmente todos empeñados en mantenernos fieles a la enseñanza, buscar reservas de fuerza y ecuanimidad para mantenernos a la altura de lo aprendido y poder continuar la vida sin sentir vergüenza de su ejemplo.
Para los enemigos era un canto de sirena, una vez más hubo en el norte recogida de maletas, comenzaron con su acostumbrada irreverencia y falta de sentido común a hacer de la muerte un pilar para su castillo de papel.
Esperaron en vano, ante la fuerza de sus amenazas se intensificó la preparación para la defensa, así en estos meses millones de cubanos dedicaron su tiempo a prepararse para una posible contienda, no se paralizó ningún programa de la Revolución, hubo transferencias de poder pero no cambios de estrategias o actitudes.
Hemos estado atentos a cada alentadora noticia, expectantes ante cada imagen o palabra que nos devuelva su habitual presencia, no le han faltado en medio de la recuperación las muestras de afecto de su pueblo, ese cariño diáfano que rehuye la histeria y los excesos.
Por este tiempo ha estado más cerca de todos nosotros, con mayor frecuencia ha sido tema de conversación, ahora como nunca se entronizó su presencia en la familia cubana, creció su magisterio y si era posible se multiplicó su figura legendaria.
Fidel se recupera, esa noticia nos ha ido llegando poco a poco, pero ya la sabemos y conociendo la naturaleza de los cubanos no nos ha escamoteado las maneras de saberlo con seguridad.
Su repentina enfermedad fue un escollo que una vez más supimos saltar, esta vez fue madre natura quien quiso hacernos una mala pasada, y ni siquiera ella pudo alterar el paso sereno con el cual aquí se trabaja a diario en aras de hacer las utopías realidades.
Los que están un poco más cerca del Polo Norte ya deshacen maletas y re archivan propiedades, con tantas veces y no aprenden, nosotros un poco más al sur cuando alguien frustra esperanzas desmedidas decimos “se cogió… con la puerta” y ellos nuevamente se lo cogieron.
Este pueblo reconoce en Fidel a su líder indiscutible, porque nos sentimos ufanos del destino que su genialidad trazó para nosotros, le seguimos sin sometimientos o miedos, lo hacemos con la libertad de una elección hecha por principios y convicción, ese espíritu vivirá en esta nación más allá de su figura, como vive el ideario martiano y el de muchos otros pensadores, luchadores sobre cuya sangre crece hoy una eterna estirpe de hombres libres.
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