jueves, 7 de mayo de 2009

El verdadero récord.

“Oiga ¡usted no sabe lo que fue esto!...Yo estaba aquí y cuando sentí aquello…Mire mi casa está ahí y lo que vi desde allí…”son frases exaltadas, que preceden el anecdotario popular, cuentan detalles, comparan con lo que van recuperando y elogian la fortaleza de lo que se erige.
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Les queda un halo de tristeza, un rictus que los ensombrece en el momento de la evocación, pero sacuden el gesto y nace la broma, a cuentas del mismo lamento y nadie lo niega, en el municipio Los Palacios hay un antes y un después, la diferencia la marcan los tristemente célebres Gustav e Ike.
Al llegar vuelven a verse erguidos los postes del alumbrado público del paseo que divide el pueblo, los bancos del mismo están en condiciones de recibir confidencias; haciéndose depositarias de la tozudez de los habitantes de la comunidad, desde las jardineras pequeñas plantas se empeñan en germinar a despecho de la sequía, que levanta el polvo amarillento alrededor con el pretexto de la más tenue brisa.
La vista encuentra en cada momento un doloroso recuerdo, los techos que faltan,

los solares vacíos, los ralos follajes, pero son más muchos más los que alimentan la esperanza, techos rojos o de un fulgor destellante por la novedad, confirman que las heridas se cierran, pero no lo hacen solas, se suturan con el esfuerzo de los hombres y mujeres que trabajan a diario, que no olvidan que su terruño ha quedado en la historia, el libro de récord Guinnes reconoció como la racha de mayor intensidad para un ciclón tropical la que marcó la estación del municipio de 340 kilómetros por hora, velocidad en la que se rompió el anemómetro, así que queda la duda de si fue ese el límite o estuvo un poco más allá, pero ese número nada significa, cuando los protagonistas ofrecen su testimonio.

Me agrada ese acto recordatorio que los transporta en apenas segundos ocho meses atrás, para devolverlos con la energía del victorioso, convencido de que la próxima batalla será más fácil por el fogueo del brazo
“Oiga periodista yo le digo que esa fibra no se le lleva nada, mire como la fijamos y lo que le pusimos… si aquí no hay techo pero no se ha dejado de trabajar… ¿vio que bonitas están quedando las casas?...

este año alcanzamos el mayor rendimiento en la cosecha de papa del país…somos referencia en el tema de la recuperación por una evaluación de la Defensa Civil…aquí no se perdió nada de lo que se podía recuperar… eso lo vamos a hacer y aquello y lo otro …”Tejen sueños, hablan de proyectos estrategias, contabilizan lo que faltan y se esfuerzan por sumar a los que creen apenas fabrican quimeras.
Los palaceños se ufanan de su capacidad de recuperación y realmente les asiste la razón, falta tanto que es mejor no mirar más allá del quehacer diario, los pocos se irán sumando para formar los muchos y al final conformar totales.

En tanto lleguen los cierres se alumbran las jornadas con los acordes de guitarra de una instructora que en el patio aledaño a la Casa de Cultura ensaya con su coro, o en las carpas que ubicadas a la entrada del pueblo acogen a los jóvenes de Misión Victoria, creadores que llevan el arte hasta sitios de difícil acceso.
El verdadero récord Guinnes, aunque no se registre en libro alguno no se los confiere un anemómetro roto, lo ganan cada día en que desdeñan presagios y se hacen a capricho un destino.
Fotos de Daniel Mitjáns.