martes, 25 de enero de 2011

Con muy Buena Fe.


Comienzo a escribir estas líneas cuando apenas han transcurrido 27 minutos de este 26 de enero y no puedo evitar pensar que hace 12 años en estos momentos cambiaba mi ropa por las batas de la sala de parto en el ala de maternidad del Hospital General Vladimir Ilich Lenin de Holguín, me preparaba para traer al mundo a mi primogénita, cada detalle permanece fresco en mi memoria y sin embargo en esta noche de preámbulo de su cumpleaños acabo de regresar de acompañarla a su primer concierto de "grande", la presentación del dúo Buena Fe en Pinar del Río como parte de su gira nacional.
Ha crecido oyendo esa música, aunque no soy de excesos, califico con amplio margen como fanática de este dúo de jóvenes que se han ganado la popularidad de la que gozan en buena lid y a los que considero la voz de mi generación.
Buena Fe es cada día mejor, con un discurso coherente y progresivo, a tono con la realidad nacional, que tratan con delicadeza, transparencia y sin remilgos. Tal y como en un tiempo los fundadores de la nueva trova supieron saltar y aunar generaciones hoy ellos convocan desde adolescentes hasta cincuentenarios o sexagenarios, que encuentran puntos de contacto con su manera de decir, porque Buena Fe es un dúo de música, también sus arreglos e interpretaciones se vuelven más atractivos en cada nueva producción discográfica, pero tienen sin duda el liderazgo en su verbo.

Se encuentran entre los más populares dentro de frontera, más de una vez nos ofrecen con sus versos la manera exacta de expresar nuestro pensamiento crítico, al pasar los años ellos merecerán un tributo de las generaciones futuras por tantas cosas que han puesto a salvo de la desmemoria al encontrar en ellas material para hacer sus canciones.
Buena Fe es presencia habitual en mi casa, es la música que me gusta escuchar cuando escribo, cuando hago tareas hogareñas, es una buena compañía para cualquier momento, "generacionalmente" como antes dije pertenezco a ellos, pero creo que sobre todo gana preponderancia entre los cubanos, porque como ellos rezan desde su nombre, dan una mirada acuciosa, llena de buena fe y esperanza para este pueblo.
Hacía mucho tiempo que no permanecía por horas en una plaza para asistir a un concierto, hacerlo me ha hecho saltar en el tiempo hacia atrás y disfruté a la par de los jóvenes y adolescentes que me rodeaban, en especial de mi hija, iniciada hoy en estos "menesteres" y no puedo negar que me reconforta que haya sido justamente con una música que conoció a través de mí.
Ahora me duelen los pies ¿para qué negarlo?, me arde la garganta de cantar para sumarme al coro gigante que los acompañaba, pero sobre todo me duele que la indisciplina de algunos pinareños le quitara brillantez al concierto, una pena cuando ellos derrocharon entrega y profesionalismo sobre el escenario, a pesar de estar en uno con pocas condiciones y que el diseño sonoro no fuera el ideal para disfrutar de sus voces y ejecución. Una verdadera lástima, pero ni siquiera eso puede empañar el goce de una noche mágica, donde rejuvenecí cuerpo y alma, con muy buena fe.