jueves, 16 de febrero de 2012

En espera

El indócil cuerpo le negaba la posibilidad de la voz, la rusticidad física no podía elaborar esa acabada y perfecta redondez de la palabra, así que el hombre encontró en la grafía primitivamente un modo de expresión, vano engreimiento el de hoy dar por cierto si fueron motivaciones mágicas, sencillas representaciones de la realidad, preámbulos de algún código, o una marcada intención artística ¿quién puede por mucha lógica, conocimiento e investigación proclamarse como portador de la absoluta verdad? ¿Quién puede asegurar que no hubo de todo eso e incluso más?
Algo si hay cierto y es que la pintura rupestre es la primera evidencia física de una voluntad de diálogo y comunicación, pasaron siglos, milenios hasta que de forma concreta los humanos encontraran como representar  y atrapar la fugacidad de los vocablos en la permanencia de la escritura.
Paredes, madera, huesos,  tablillas de arcilla, papiros, telas, pieles, hasta cuerdas con nudos y colores fueron algunas, de las muchas maneras en que las distintas civilizaciones e idiomas trascendieron la oralidad, fue larga la espera hasta que el papel formó  parte de la cotidianidad de la vida, incluso hoy cuando la era digital nos absorbe resulta imposible imaginar una vida sin él.
Son disímiles sus usos y presentaciones en el día a día, pero  si tuviésemos que elegir me atrevo a asegurar que muchos apostaríamos por preservarlo en su condición de libro, ese enjambre de páginas que nos arroba y transporta con el ingenio y la delicadeza de otros, rompiendo barreras espacio, tiempo; condensando experiencia, vida y todo lo imaginable y aun lo que no.
Si es el lenguaje la expresión del pensamiento, la escritura ofrece la textura de ellos y me gusta la idea de estar caminado entre sueños ajenos reinventándolos, dejándolos de lado, apropiándomelos, disfrutándolos, llevármelos conmigo de viaje, a la cama, el baño y volver una y otra vez a cada instante que sienta el deseo del reencuentro.
Mucho se ha dicho que son los libros buenos amigos, pero para mí han sido exploradores a través de los cuales descubrí mundos diversos, guías para edificar el propio y motivación perenne para la vida.
Este 22 de febrero llega la XXI Feria del Libro en La Habana a Pinar del Río, como parte del peregrinaje que hace por toda la isla y como otras tantas veces seremos miles los que concurramos sopesando entre título precio y posibilidad, una elección  para que nos acompañe..
Y como en cada nueva edición haré mis apuestas en ejemplares que aferren a mis hijas al goce de la página a pasar, en este juego la suerte no me acaba de acompañar, pero como adicta incurable me niego a renunciar.

 
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2 comentarios:

Lola dijo...

Las pinturas rupestres son un misterio maravilloso.
Aquí hace poco hemos tenido feria del libro. Me encanta ir de stand en stand mirando y tocando.... y oliendo a papel con imprenta.
Un beso Lola

Yolanda Molina Pérez dijo...

Lola me has hecho recordar mis años como estudiante universitaria, fue el quinquenio del 90 al 95, período en que tocó fondo la economía cubana, el menú en el comedor de la beca nos lanzaba hacia la calle en busca de mejor sustento, pero no bastaba el dinero para encontrar algo, así que la mayoría de las veces concluíamos recorriendo librerías, en especial improvisados sitios donde algunos remataban sus bibliotecas y las de otros que les llevaban los ejemplares atesorados por años, recuerdo una de la calle Enramada ubicada en un sótano, allí encontré algunas maravillas y pasé horas leyendo de pie, a veces para estar segura de que valía la pena sacrificar la mesada u otras porque no había nada que sacrificar y al evocar el olor desataste ese recuerdo… Por estos días, salvando distancias compartiremos el mismo aroma… Besos…