martes, 9 de septiembre de 2014

Anhelos de ciudad.



“La patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal.”
José Martí.
Los pinareños están de celebración, este 10 de septiembre conmemoran el 147 aniversario de la tenencia del título de ciudad, para unos citadinos tan jóvenes queda mucho por aprender.
Los pinareños presumen de su origen, y no les amedrenta la imagen creada por los cuentos, ni fatalismo geográfico o cosa similar, esgrimen como hábiles espadachines la condición de hijos de la tierra del mejor tabaco del mundo y de gente tan buena y generosa, que las malas lenguas consideran “bobos”, al confundir humanismo con incapacidad.
Los pinareños aman su ciudad,  tejen desde la remembranza una urdimbre de esplendor para arroparla y cubrirle las visibles huellas del tiempo, el descuido, el maltrato y hasta el abandono.
Los pinareños alimentan la nostalgia por la Patria chica,  buscan con frecuencia éxito fuera de la localidad pero  vuelven para beber de la sencillez que alimentó sus raíces,  porque el triunfo sabe mejor al festejarlo con sus conciudadanos.
Los pinareños sueñan una ciudad donde la nostalgia crece e idealiza hasta llegar a utopía, y es quizás esa abstracción la que los aleja de acciones concretas con las cuales estar más cerca de lo que quieren y desean para este complejo urbanístico,  erigido como la capital del occidente cubano.
No es con lamentaciones y quejas que llega la solución a los problemas;  la ciudad sangra porque los inmuebles que un día fueron motivo de orgullo perecen lentamente, no serán milagros los que les  devuelvan la vida, dicen algunos entendidos en la materia que las edificaciones necesitan vida en su interior, pues de a poco puede insuflárseles, recuperando milímetro a milímetro, centímetro a centímetro,  metro a metro…, esos espacios inscriptos en la historia colectiva y generacional  merecen nuevas oportunidades.
Hacen falta voluntades, recursos y también iniciativas, aprender de las experiencias que han funcionado en otras partes y sin ser copistas adecuar a las circunstancias esos métodos, es cierto que el impacto de los huracanes en el fondo habitacional, jerarquizó las prioridades, pero esas zonas comunes cuya recuperación alegrará a todos también exigen estar en agenda.
Lo que más necesita esta ciudad es que la sepan amar, para los que no tienen como ayudarla, basta con no dañarla, con cuidar lo que hicieron otros, vivir en ella y para ella, no de ella, ni de sus habitantes.
Los pinareños precisan aprender a amar, que no es decir te quiero y ofrecer mimos y abrazos, el verdadero amor es ese que  llega a través del respeto, la consideración, el cuidado, la anteposición de las necesidades del ser amado, Pinar convoca desde los versos martianos para ser más ara que pedestal.