jueves, 25 de octubre de 2007

Bush, no tenemos miedo

En el medio de la noche oscura el niño se despierta en su cuarto y llora por miedo pidiendo compañía, el adolescente aprovecha la misma habitación y goza de la penumbra para explorar su cuerpo, el adulto probablemente se acerque en iguales condiciones a la tibieza de su pareja para propiciase el goce expedito de la carne, si son las mismas condiciones y se reacciona de modos diferentes entonces ¿qué es el miedo?, ¿el temor a lo desconocido? ¿una conducta típica de la infancia?...
A ninguna de estas preguntas como tantas otras se les puede dar respuesta con una aseveración de modo categórico, lo cierto es que de acuerdo a las circunstancias reaccionamos los seres humanos, un niño puede ponerse en situación de algo riesgo porque los desconoce y logra lo que un adulto con racionalidad no haría por temor al accidente.
Pienso en el miedo a raíz de que quieren convertirnos en un pueblo atemorizado, ya sabemos que tenemos enemigos, y dónde podemos encontrarlos, pero que todos los días estén jugando al gato y el ratón, cansa bastante a la víctima y al cabo de un tiempo con la rutina de enfrentarse al peligro para sobrevivir, se convierte en experto y el cazador resulta sorprendido cuando aprecia los poderes de la posible presa que lo vence y lo deja con la misma hambre que lo mantuvo por horas al acecho.
Nosotros llevamos casi cinco décadas de persecución, hemos aprendido un montón de lecciones, en el transcurso de estos años, pero no nos confiamos y permanecemos alertas, los cubanos sabemos que no tenemos una fórmula perfecta pero queremos aplicar nuestras propias recetas, para enmendar los errores cometidos.
Bush, definitivamente ya no tiene tiempo para cambiar la Casa Blanca por un castillo feudal, aunque lo ha intentado por casi 8 años, se tendrá que retirar sin lograrlo y es que su posición hegemónica se resquebraja por muchas partes, fracasos en Afganistán e Irak, pérdida del dominio económico, crecientes deudas internas y externas, una nación desangrada por guerras inútiles no le han ganado precisamente mucha popularidad, que aproveche el tiempo que le queda en aras de mejorar el recuerdo que tengan de él los ciudadanos estadounidenses y deje de inmiscuirse en casa ajena, que quien no puede resolver sus problemas domésticos no tiene por qué ofrecer consejos al vecino.
De todas formas como ha demostrado no ser muy bueno en eso de oír consejos, Bush, no tenemos miedo.