jueves, 22 de mayo de 2008

A ambos lados

Para Sonita, con el deseo de curarle la nostalgia
Sonita, es alguien que no deja comentarios en esta blog, pero me escribe a mi correo y me cuenta sobre sus impresiones al andar por aquí, ella es de Cojímar ha permanecido por mucho tiempo lejos de su tierra, no pocas veces le he desatado involuntariamente un montón de recuerdos que ha tenido la gentileza de compartir conmigo, a raíz del post anterior, rememoraba la belleza del paisaje al poder apreciarla desde las carreteras, tenía previsto escribir sobre eso después de mi último periplo, pero fue su mensaje lo que acabó por traerme a hacerlo, así que sube amiga que nos vamos de viaje...
He escuchado a muchos decir que les aburre atravesar el centro de la isla, por lo monótono del paisaje a lo largo de esa extensa llanura, sin embargo para mí es un descanso justo en el punto medio de la travesía, poner la mirada en esos valles preñados de palmas reales me produce una paz increíble, la belleza generalmente nos serena el alma, por demás no me aburren y es que tienes de momento un majestuosa ceiba que irradia su magia trastocada en fresca sombra sobre el patio de una casa campesina, las aves de corral, la familia que habita esa casa pasan veloces frente a tí y puede que varios kilómetros después, e incluso años más tarde aún te acompañe esa niña que se balanceaba sobre una cuerda tendida desde la rama más baja, si tenías un antojo de fantasía escuchas la melodía que salía de sus labios, el cloquear de las gallinas y quién sabe si alguna vez te devuelva la esperanza de volver a la simplicidad de los inicios, ella, detenida en el tiempo, mientras sus pies se aventuraban al cielo...
Me gustan los campos de caña que muestran el esplendor del cultivo, más aún si la guardarralla es custodiada por palmas reales; esos pequeños caseríos donde te atrapa la blancura de las paredes, las mujeres en sus bateas lavando la ropa, el jinete que observa desde su montura el auto que lo desafía y disfraza su seguridad en una curiosidad transitoria para complacer al intruso que lo mira un instante.Los vendedores que te anuncian las abundancias de sus suelos, ya sean en frutas, dulces, quesos o herramientas, admiro al hombre que sin levantar el rostro se inclina sobre su surco, ajeno al que se acerca, olvidando al que se va; el verde diverso que domina la tierra en irrepetibles tonalidades, retando al azul celeste para que logre su magnitud.
La sensualidad de las colinas ni muy agrestes, ni muy suaves, sólo firmes. Si el azar me regala un montón de rocas, intento leer en el segundo único del acercamiento la milenaria historia de la vida, las preservo en la memoria para destejer luego sus misterios.
Desde pequeña he sido una viajera frecuente, mi familia dispersa por todo el Oriente del país nos hacía recorrer varias veces al año carreteras de las provincias: Granma, Holguín y Las Tunas, mi madre ya experta en estos trajines nos anticipaba una hermosa vista que estaba por llegar, después cuando estudiaba en Santiago de Cuba en la Universidad los viajes eran un constante desafío, fue el primer quinquenio de los noventa, y el Período Especial acabó con itinerarios o tiempos de viaje estimados, en aquel "tren lechero",(le llamábamos así por las muchas paradas que hacía en el viaje, tantas como un lechero distribuyendo su producto en una comunidad)era preciso matar el ocio y apartar la hostinación, cualquier cosa servía a tal efecto y una de las que hacíamos con frecuencia era narrar historias, desde un poste eléctrico, una vaca, un perro...cada cosa tiene un pasado, un presente y un futuro y ahí íbamos nosotros en ejercicio colectivo a regalarles su historia, a buscarnos la excusa para la risa, a olvidar el cansancio del viaje.
Otro de los encantos de los viajes es la "botella", la situación del transporte en el país ha hecho de ella algo cotidiano, podría hacerse un manual sobre usos y maneras de su práctica, pero eso queda en el tintero, sólo hablo de ella porque "los botelleros y botelleras" forman parte del paisaje de nuestras carreteras, ¿quién no ha dado o recibido un aventón del que surgió una amistad,una aventura o incluso un auténtico romance?.
Lo mejor de lo que vemos a ambos lados de la carretera, es que nos recuerda a una de las cosas más valiosas de este país, los hombres de campo, que viven pegados a sus tierras, rodeados de sus animales, preservándonos un trozo de candor y sencillez.

5 comentarios:

María José dijo...

Veo por tus ojos, es raro, pero eso me provoca la forma en que escribes.....si hay algo que me encantaría hacer, es ir a tu bella isla, llena de encantos y olores.....siento también que amas mucho a tu país y eso es lo que mas me atrae.....

Un abrazo,

María José

Yolanda Molina Pérez dijo...

Gracias, te esperamos, en tanto llegas un abrazo Yolanda

Joselu dijo...

He llegado hasta aquí siguiendo el enlace en mi blog. Me he encontrado, por fin, una bloguera cubana que habla apasionadamente de su tierra describiéndola plásticamente a aquellos que desde la distancia la quieren. Tus palabras son evocadoras y, sin quererlo, has despertado en mí los colores e imágenes de mi infancia. ¡Quién sabe lo que Cuba habra de cambiar algún día! Sin embargo, lo que describes tiene el sabor de lo auténtico y lo inigualable. Cuando cambie todo, esto dejará de existir para incorporarse a la modernidad asfixiante e igualadora. Un cordial saludo desde Barcelona. Me han hecho mucha ilusión tu visita y comentario.

Yolanda Molina Pérez dijo...

Joselu, gracias por llegarte hasta aquí y por los elogios, tengo la esperanza, infinita por cierto, de que los cubanos logremos la deseada prosperidad económica sin deshacernos de nuestras raíces, con recetas propias, como escribí en otro post, la modernidad no puede llevárselo todo, debe quedar siempre alguna hendija por la que podamos mirar hacia la simplicidad de las cosas, tengo hace días la idea de escribir sobre la vida de los campesinos, procedo de ese sector aunque mis padres son maestros, y tu comentario me ha movido, es tiempo de sacudirme la pereza, un abrazo Yolanda

María José dijo...

Amiga te espero.....estas bien?

María José