lunes, 15 de septiembre de 2008

Ellos nos llevan...

Antes de que sonara el despertador ya estaba en pie y es que como dice mi abuela cuando al fin poseemos algo o a alguien muy deseado: “menos mal porque ya llevaba varios días a camino”…
Y así fue, ella estaba en ruta desde finales de agosto, pero el primero de septiembre apenas habían pasado unas pocas horas del azote de Gustav y los niños pinareños vieron posponerse el inicio del curso escolar, ante la inminente llegada de Ike, la nueva fecha fue también anulada y así hoy 15 días después de lo previsto abrieron las aulas en el occidente cubano, India Alejandra llegó hoy al primer día de clases de su cuarto grado.
Se levantó temprano y fue feliz para su escuela, se encuentra entre las afortunadas que puede recibir las clases en su aula y no en un local alternativo, como las cientos de casas que acogerán a los pequeños para que no se interrumpa el proceso docente.
 
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El semi internado al que asiste estás muy cerca de donde vivimos, es una de las tantas escuelas que funcionan en edificaciones que fueron cuarteles de la tiranía hasta enero de 1959, hoy el acto de inicio no fue de ceremonias, las notas del Himno de Bayamo entonadas a capella en un coro de educadores, educando y progenitores, la presentación del claustro y la bienvenida a todos, los padres nos apilábamos alrededor esperando para dejarlos en las aulas y dar la primera charla del curso con el maestro o maestra, cámaras fotográficas y de vídeo para dejar constancia del instante y entendí que este es un momento crucial para un país que se para de un golpe como el sufrido, llevar a nuestros pequeños a las aulas, hacerlo con alegría, es un paso definitivo hacia la vuelta a la normalidad y nos empujan ellos con sus mochilas, con la premura de estrenar el uniforme nuevo y la alegría de forrar libros y cuadernos, de reiniciarse en la rutina perdida de las tareas y el estudio.
Ella despertó primero que yo, pero estaba y estoy muy orgullosa de mi “niña grande”, sus nueve años, su amor por la escuela y esa sonrisa de encanto…
Llevarlos hoy a la escuela, no fue sólo el acto de preocuparnos y ocuparnos por su educación, fue un modo de celebrar la victoria de la voluntad ante la adversidad.

6 comentarios:

Joselu dijo...

Hermoso post que pone de manifiesto la voluntad de seguir en pie frente a la adversidad. También mis hijas, una de nueve años, Lucía, se han incorporado a la escuela el lunes quince de septiembre. Yo comparto tu orgullo como padre. Tu hija es muy guapa y sus ojos reflejan decisión y coraje.

Yolanda Molina Pérez dijo...

Joselu, mi hija encantada con el elogio, sigue con la alegría del comienzo.
Supongo que ese gran educador que eres le haga más fácil las cosas al padre, realmente si en algo titubeo constantemente es en mi rol de madre, no sé si a todos les pasa igual pero nunca estoy segura de estarlo haciendo bien y si en algo deseo ser perfecta en esto...
Y esa decisión y coraje son un problema para manejarlos... un abrazo y gracias

María José dijo...

Nuestros hijos son el futuro...muchas veces los niños nos enseñan y nos guían a ese futuro...que decir...gran enseñanza la de Cuba y la de muchos países que ante la adversidad se levantan....hermosa tu hija...bella, bella, con unos ojitos llenos de vida y sueños....un abrazo gigante para ti y tu magnifica familia.....


María José

Maykel dijo...

Recuerdo con mucha nostalgia cuando mis hermanos y yo nos preparábamos para los avatares de septiembre. Mi mamá nos forraba los libros; cosía las mochilas desgarradas en aquella década de resistencia.
Tienes razón, Yolanda: la voluntad impone su jerarquía grande; podemos empezar, otra vez...
(He mirado al niño palaceño; he dejado que me mire. Estoy seguro de que ya volverá a sonreír en las aulas cuando consiga restituir, en una hoja blanca de libreta nueva, el color verdemonte de las lomas pinareñas.)
Un beso, Yolanda, desde Sagua la Grande...

Yolanda Molina Pérez dijo...

Máría José:¡los hijos nos corrigen tantas veces el rumbo!, gracias por los elogios para mi niña, y por tu apoyo y solidaridad, un abrazo también para tu familia,

Yolanda Molina Pérez dijo...

Maykel: que las miradas de ese niño, y la de los miles que vivieron el espanto de la fuerza de natura, recobre la vivacidad habitual es un acicate para no mirar atrás...
La "década de resisitencia" yo la pasé en la Universidad de Oriente, mis maletines y mochilas también se desgarraban en el ir venir a fuerza de botella en la autopista y carreteras vecinales, pero no recuerdo que alguna vez nos faltara la alegría y tampoco la carecemos ahora, un abrazo